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lunes, 26 de octubre de 2020

No tener casa, mata. 25 OCTUBRE: DÍA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR

 


La pandemia del coronavirus ha sacado a la luz la realidad de muchas personas sin hogar o que viven en infraviviendas o en lugares poco salubres. La vivienda en esta pandemia se ha convertido en la primera línea de defensa frente al coronavirus y es tal la preocupación que Cáritas ha iniciado una campaña de sensibilización con este contundente lema: “No tener casa mata”. Valencia acoge la próxima semana el primer congreso sobre el sinhogarismo.

Como el tabaco, no disponer de una vivienda puede ser perjudicial para la salud. De hecho, no tener casa también puede llegar matar. Así lo ha denunciado Cáritas, con motivo de la celebración, este domingo 25, del Día de Personas Sin Hogar.
Con este contundente lema “No tener casa mata”, Cáritas ha puesto en marcha una campaña para sensibilizar a los poderes públicos y a los ciudadanos sobre los efectos que la falta de una vivienda adecuada supone para miles de personas y familias en nuestro país, donde se estima, según los datos del último Informe Foesa, que cerca de 800.000 hogares y 2,1 millones de personas sufren situaciones de inseguridad en la vivienda.


El impacto social y sanitario de la pandemia por el coronavirus ha puesto de manifiesto la realidad de muchas personas sin hogar o de personas que viven en infraviviendas, lugares poco salubres y dignos para poder vivir con cierta seguridad.
En un contexto en el que “la vivienda se ha convertido en la primera línea de defensa frente al coronavirus”, como señala Leilani Farha, Relatora de la ONU para una vivienda adecuada, las medidas dirigidas a la población para afrontar el coronavirus, como aumentar la higiene, quedarse en casa o el distanciamiento social estricto, no son realistas ni posibles para las personas que viven en la calle.


Por todo ello, Cáritas reclama medidas como “una ley estatal de garantía de acceso a la vivienda donde se incluyan todas las situaciones de exclusión residencia y sinhogarismo, incrementar el esfuerzo de la Administración pública para rehabilitación y mantenimiento del parque de viviendas, y promoción de vivienda en alquiler social de forma preferencial, o continuar con la medida extraordinaria de paralización de desahucios y desalojos”.


I Congreso, en Valencia
Es tal la preocupación sobre este tema que todas las entidades que trabajan en Valencia con las personas sin hogar participan en el ‘I Congreso sobre medición y abordaje del sinhogarismo’, que tendrá lugar los próximos días 26 y 27 de octubre en la Facultad de Ciencias Sociales de Valencia, coincidiendo con la jornada de este domingo.

El objetivo principal del congreso es presentar formalmente el estudio que se inició el año pasado con realización del censo de las personas sin hogar de Valencia. En el trabajo de capo realizado por cerca de 600 voluntarios, en octubre de 2019 se identificaron un total de 831 personas sin hogar en la ciudad de Valencia. De ellas, 570 habitaban en calle y 261 alojadas en albergues.


El congreso, además, debatirá sobre los sistemas de recuento y se contrastarán las diferentes experiencias en la intervención social durante la crisis del Covid-19.

Durante los dos días del congreso intervendrán profesores en Trabajo Social y Sociología, así como representantes de las entidades que colaboran. Estas entidades son: Cáritas Diocesana de Valencia, Cepaim, Casa Caridad, Asociación Natania, Accem, Cruz Roja Española, San Joan de Déu, Bokatas ONG, Misión Urbana, Rais, Fundación Salud y Comunidad, Comité Ciudadano Anti-sida, Metges del Món, así como la Universitat de València y el Ayuntamiento de Valencia.


Viviendas Housing First
Por su parte, la Orden Hospitalaria de Sant Joan de Déu ha implantado en tres de sus viviendas para personas si hogar el modelo ‘Housing First’, que consiste en ofrecer primero una vivienda individual.

La diferencia con respecto a otros modelos de intervención como el albergue o las viviendas compartidas (Housing Led) es que pone el acento en la completa autonomía de la persona en su proceso de cambio, es decir “la persona se hace responsable del piso desde el primer momento”, explican desde Sant Joan de Déu.

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