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domingo, 16 de agosto de 2026

León XIV ensalza la Asunción frente a los cánones «hedonistas y consumistas» impuestos por el mundo

 


Este 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, el Papa León XIV ha presidido la santa misa celebrada en la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo.

Ante cientos de peregrinos y fieles, el pontífice comenzó su homilía recordando el magisterio de la Iglesia recogido en la Constitución apostólica Munificentissimus Deus, en la que Pío XII declaró como dogma que María, “cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”, indicando asimismo “el cumplimiento de la plenitud de gracia que Dios le ha dado en su Concepción Inmaculada”.

A partir de este punto, el pontífice buscó vertebrar su homilía en torno a la belleza y la contraposición de los cánones estéticos, contemporáneos, explicando así por qué multitud de obras de arte representan a María, incluso al final de su vida, “como una joven hermosa que se eleva físicamente desde la tierra hacia el cielo”.

Unas obras inspiradas en el Apocalipsis -Una Mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies» (Ap 12,1)- que, según León, reflejan como “en el corazón de María se encuentran el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad”, lo que aparentemente contrasta con la experiencia que produce en los hombres el paso del tiempo.

Con la edad, “nuestro cuerpo no se hace más ágil, sino más pesado; la piel no se vuelve más fresca, sino que muestra los signos de la vejez; el cabello no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco. Entonces, ¿qué tenemos en común con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos?”, planteó.

La belleza no consiste en ocultar el paso del tiempo

Para comprenderlo, invitó a integrar los dos signos mencionados, el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado. Solo así se comprende “la pureza del alma que en María ―como en nosotros― por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo”. Una glorificación de María en cuerpo y alma que además esconde una enseñanza especialmente reveladora para el tiempo presente: “Nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin”.

Precisamente por ello, León XIV llamó a “revisar muchos de los cánones estéticos, predominantemente de tipo hedonista y consumista, que el mundo nos impone”, alertando de que pueden llegar a “aprisionarnos en condicionamientos pesados” y hacer que se desperdicien “energías valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre”.

Frente a estos modelos, el Papa contrapuso a quienes, pese a tener “el rostro marcado por los años y los sufrimientos”, son capaces de irradiar “serenidad, benevolencia y paz”, con quienes pueden resultar exteriormente atractivos, pero permanecen “duros y fríos en su interior”. “Es fácil entender dónde está la verdadera belleza y dónde, en cambio, hay todavía necesidad de conversión, perdón y curación”, afirmó.

Del rostro del niño al anciano: dónde hallar la belleza

El pontífice invitó así a aprender a descubrir esa belleza divina en todas las etapas y circunstancias de la vida, “tanto en el rostro tierno de un niño como en las arrugas de un anciano, en la vivacidad de un joven como en la compostura de un adulto”, pero también “en los adornos de la fiesta como en la vestimenta y en las herramientas de trabajo”. Todas ellas, explicó, remiten a “historias de amor únicas” que deben ser reconocidas como “pequeños destellos en el cielo”.

De este modo, León XIV condensó buena parte de su reflexión en una afirmación con la que contrapuso definitivamente la belleza exterior a aquella que nace de la caridad: “El amor es el ornamento más hermoso del hombre”. Un amor, añadió, “que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto”, haciendo a la persona “ligera, libre, cercana a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida”.

Por todo ello, destacó que lo sublime del misterio de la Asunción no debe buscarse lejos, sino “allí donde hay verdadera caridad”.

Llevar el Cielo sobre la tierra

Como ejemplos, señaló a los padres que regresan cansados del trabajo pero felices de reunirse con sus hijos, y a los abuelos que, pese a las limitaciones de la edad, encuentran nuevas fuerzas para cuidar de sus nietos.

También destacó el testimonio de los jóvenes que buscan crecer “limpios y honestos”, dispuestos incluso a ir “contra la corriente” respecto a “lo que todos hacen”, así como el de tantos hombres y mujeres que, con su trabajo diario, su fe y su entrega, contribuyen a “llevar un poco de Cielo sobre la tierra y la tierra hacia el Cielo”.

“El rostro bellísimo de la Asunción es único, supera toda representación posible y, sin embargo, al mismo tiempo nos es conocido: es el de las personas que están a nuestro lado, incluso en este momento, de los hermanos y hermanas con quienes compartimos, en la fe, la ofrenda diaria de nuestra vida”, agregó el pontífice. Por ello, concluyó recordando el llamado de los hombres a “vivir su misma plenitud de vida y compartir su misma gloria”. 

sábado, 15 de agosto de 2026

15 DE AGOSTO ASUNCIÓN DE LA VIRGEN

 


El 15 de agosto, la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, la mujer que más ha dignificado la feminidad en la historia.

Frente a tantos relatos ideológicos que presentan al cristianismo como enemigo de la mujer, conviene conocer la historia: la fe cristiana ha sido decisiva en la defensa de su dignidad, su libertad y su protagonismo social.


Por si tienes dificultades con el italiano, te pongo a continuación la transcripción al español de este magnífico video italiano, elaborado desde el contenido de libro de Francesco Agnoli "Investigación sobre el cristianismo."

TRANSCRIPCIÓN EN ESPAÑOL:
+ Si eres una feminista y odias el cristianismo este video te hará cuestionarte…
+ Hay una carta encontrada en Egipto que data del siglo primero antes de Cristo:
+ Un hombre llamado Hilarión escribe a su mujer embarazada: “Cuando llegue el parto, si es niño lo dejas con vida, pero si es niña la abandonas en la calle.”
+ Lo que dice esta carta era la absoluta normalidad en aquella época. En el mundo antiguo existía una práctica llamada “exposición infantil”: si un niño reciente nacido -la mayor parte de las veces una niña- resultaba incómodo, podía ser abandonado en la calle hasta morir. Y así morían tantísimos, solo porque era niñas.
+ Y esto fue así hasta que no llegó el cristianismo, el cual hizo referencia al concepto de “imagen de Dios”.
Todo ser humano tiene una valor infinito, en cuanto que ha sido creado a imagen de Dios. El alma de esos niños abandonados tenía tanto valor como la del emperador.
+ Pero la cosa no termina aquí: en la antigua Roma, las niñas eran entregadas al matrimonio con tan solo 12 años, por decisión de la familia. Pero con el cristianismo el libre consentimiento de la esposa era fundamental.
+ Esto fue un avance revolucionario: el derecho de la mujer a no ser entregada en matrimonio sin su consentimiento.
+ En tiempo de Augusto las viudas era penalizadas si no volvían a casarse, pero la Iglesia, sin embargo, mantenía a las viudas para que mantuviesen su libertad de elección.
+ El adulterio solo era condenable si lo cometía la mujer, mientras que el hombre podía hacer lo que quisiera.
+ Pero llega San Pablo y escribe la frase más subversiva del mundo antiguo: El cuerpo de la esposa perteneces al marido, pero igualmente, el cuerpo del marido pertenece a la esposa. Antes del cristianismo el adulterio solo era un crimen si lo cometía la mujer.
+ ¡Y adivina qué es lo que ocurrió!: Las mujeres se convirtieron en masa al cristianismo, hasta el punto de que el filósofo Celso atacó al cristianismo llamándolo “secta de mujeres, esclavos y niños”.
+ Pero las mujeres arrastraron a los hombres al cristianismo. Por ejemplo: Ponponia Agrestina de la Roma de Nerón, Mónica que empleó su vida en la conversión de su hijo Agustín, Clotilde que convirtió a Clodoveo y con él a Francia, Berta que abrió Inglaterra y pueblo enteros pasaron a la fe gracias al influjo de una esposa.
+ Pero el detalle más impresionante es otro: En aquel tiempo el testimonio de una mujer no tenía valor alguno en los tribunales. Pero, sin embargo, los evangelios relatan que los primeros testigos de la resurrección de Cristo fueron mujeres.
+ Si los relatos evangélicos fuesen una invención, ésta es la última cosa que hubiesen escrito para resultar creíbles. Este fue un detalle importantísimo para el reconocimiento del papel de la mujer en sociedad.

sábado, 16 de agosto de 2025

DOGMA DE LA ASUNCIÓN Y DIGNIDAD HUMANA. Por Mons Munilla



En este año jubilar 2025, celebramos la Solemnidad de la Asunción, cuando se cumplen 75 años de la promulgación por parte de Pío XII del Dogma de la Asunción de la Virgen María al cielo en cuerpo y alma. En la Constitución Munificentissimus Deus declaraba el Papa Pacelli:E«…pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.» Todavía viven entre nosotros algunas personas de avanzada edad que recuerdan perfectamente aquel momento histórico. Esta definición se convirtió en el cuarto dogma mariano, tras los de la Maternidad Divina, la Virginidad Perpetua y la Inmaculada Concepción.

Sin embargo, es obvio que los cristianos habían creído en la Asunción de la Virgen a los Cielos desde los primeros siglos del cristianismo, como lo demuestra la existencia de una obra del siglo II llamada Transitus Mariae (Tránsito de María); y precisamente por esto, es interesante hacerse la pregunta sobre los motivos por los que la Iglesia Católica promulgó el dogma en pleno siglo XX. Es un hecho que las definiciones dogmáticas han solido ser formuladas en respuesta a una herejía determinada o, cuando menos, han venido a subrayar algunos valores oscurecidos por la cultura contemporánea (como pienso que es el caso que nos ocupa).

Pues bien, el siglo XX se caracterizó por poner las bases de la profunda crisis antropológica que padecemos en el siglo XXI. Una vez que el hombre perdió la conciencia de su dignidad espiritual (el olvido de la existencia del alma humana fue una constante del siglo XX), la crisis antropológica concluyó con la pérdida del sentido de nuestra corporalidad y de la dignidad del cuerpo humano.
Cuando la Iglesia proclama el Dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos, está subrayando que la antropología no es dualista sino unitaria, aunque incluye una dualidad de principios, integrados en la unidad sustancial de cuerpo y alma. Así lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica nº 365: “La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la ‘forma’ del cuerpo…”

Pues bien, en el zénit de la crisis antropológica en la que nos encontramos, se produce la paradoja de que nuestra cultura se balancea entre la idolatría y el desprecio del cuerpo: Desde el exhibicionismo del cuerpo humano en base a falsos estereotipos estéticos, hasta las autolesiones, las drogas y la autodestrucción… La ‘Teoría Gender’ o ‘Ideología de Género’, que antepone el deseo a la naturaleza y las ideologías a la biología, es el máximo exponente de la pérdida de sentido de la corporalidad y, por ende, de la espiritualidad del ser humano.

Prestemos atención a lo que afirma el nº 364 del Catecismo de la Iglesia Católica: “El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la «imagen de Dios»: es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu”.

La antropología cristiana reconoce la dignidad del cuerpo humano, hasta el punto de reconocer en él la gramática de la sabiduría divina. Por el contrario, los hechos han demostrado que una vez que la crisis antropológica niega la naturaleza espiritual del ser humano, fácilmente llegamos a convertirnos en enemigos hasta de nuestro propio cuerpo. Dar la espalda a Dios es caminar hacia la desfiguración de la criatura. Como dijo San Juan Pablo II en Evangelium Vitae 22: “Sin el Creador, la criatura desaparece… el hombre permanece para sí mismo un ser incomprensible.” Igualmente, Benedicto XVI afirmaba: “Cuando el hombre se olvida de Dios, ya no se reconoce a sí mismo, y su destino se convierte en una amenaza.”

En resumen, el dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma da respuesta a la pregunta antropológica sobre qué es el hombre: Nuestro cuerpo ha sido redimido por Jesucristo y está destinado a la gloria, a la inmortalidad, a la divinización… El cuarto dogma mariano no solo es revelador de nuestro destino eterno, sino también de nuestra identidad; hasta el punto de ayudarnos a responder dos cuestiones claves: ¿A dónde vamos? y ¿quiénes somos? En la celebración litúrgica del 15 de agosto, representada en el auto sacramental del Misteri D’Elx, encontramos las respuestas ¡Feliz día de la Asunción a todos!

lunes, 15 de agosto de 2022

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA



. La Madre de Dios fue asociada estrechamente, por voluntad del Padre, a los misterios de su Hijo. Así, al igual que Jesús, también ella murió y fue sepultada. Pero, como dice el Prefacio, «el Señor no quiso que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu, concibió en su seno al autor de la vida». 

Al respecto escribía Pío XII: «A la manera que la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y último trofeo de su más absoluta victoria sobre la muerte y el pecado, así la lucha de la bienaventurada Virgen, común con su Hijo, había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal... Por eso, la augusta Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad, ... consiguió, al fin, como corona suprema de sus privilegios, ser conservada inmune de la corrupción del sepulcro y, del mismo modo que antes su Hijo, vencida la muerte, ser levantada en cuerpo y alma a la suprema gloria del cielo». Y la Constitución papal que en 1950 declaró el dogma de la Asunción concluía con esta definición: «Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial».

- Oración: Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que, aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

domingo, 15 de agosto de 2021

Feliz Domingo de la Asunción de la Virgen María

 


El 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen (la creencia católica de que el cuerpo y el alma de la Virgen María, la madre de Jesucristo, fueron llevados al Cielo cuando falleció), es uno de los festivos más importantes de España porque en esa fecha cientos de municipios de todas las comunidades autónomas celebran sus fiestas patronales, las más importantes del año.

En España, todas las localidades tienen un patrón o patrona, un santo o una Virgen al que se tiene una especial devoción y a cuyo amparo se acogen los vecinos de ese lugar. Cientos de pueblos y ciudades de todas las comunidades autónomas tienen como patrona a la Virgen de la Asunción y celebran sus fiestas en torno al 15 de agosto.

Durante esos días, la música y los bailes tradicionales, los actos religiosos, los trajes regionales, las representaciones históricas, la gastronomía, los festejos taurinos, los pasacalles con gigantes y cabezudos, los fuegos artificiales, los juegos y competiciones deportivas, y un sinfín de tradiciones centenarias llenan las calles de todas esas localidades, repletas de personas dispuestas a disfrutar al máximo.


sábado, 15 de agosto de 2020

15 de agosto de 2020: SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

 


El misterio de la Asunción
(963 — 975)

La liturgia de la Misa de este día proclama el misterio de la Asunción, y por boca de María proclama la grandeza de Dios que nos hace partícipes de su gloria.

La solemnidad de la Asunción de la Virgen conmemora el tránsito de María de este mundo al Padre, es decir, su pascua. La Madre virginal del Hijo de Dios no podía corromperse en el sepulcro y fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo.

«La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte…».

la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo

María,
“icono escatológico”
(imagen final) de la Iglesia:

A María se la reconoce y se la venera como verdadera Madre de Dios y del Redentor…, más aún, “es verdaderamente la madre de los miembros de Cristo porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza” (S. Agustín)

El cántico de María, el «Magnificat», expresión de una vida, es a la vez el cántico de la Madre de Dios y el cántico de la Iglesia; cántico de la Hija de Sión y del nuevo Pueblo de Dios; cántico de acción de gracias por la plenitud de gracias derramadas en la Economía de la salvación; cántico de los «pobres», cuya esperanza ha sido colmada con el cumplimiento de las promesas hechas a nuestros padres «en favor de Abrahán y su descendencia, para siempre».

El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz la dio como madre al discípulo con estas palabras: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 26‑27).

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jueves, 15 de agosto de 2019

15 de agosto de 2019: SOLEMNIDAD DE LA ASUNCION DE NUESTRA SEÑORA


María,
Modelo y Madre de la Iglesia.

Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es “miembro muy eminente y del todo singular de la Iglesia”, incluso constituye “la figura” (modelo) de la Iglesia.
Aún más, colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra Madre en el orden de la gracia.
Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna… Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.
La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. Todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de Él y de Él saca toda su eficacia.
Debemos volver «la mirada a María para contemplar en ella lo que es la Iglesia en su Misterio, en su peregrinación de la fe, y lo que será al final de su marcha, donde le espera, para la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad, en comunión con todos los santos, aquella a quien la Iglesia venera como la Madre de su Señor y como su propia Madre».
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