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domingo, 26 de julio de 2026

Hoy domingo celebramos la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.



Hoy domingo celebramos la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

La Iglesia nos invita a dar gracias por quienes han transmitido la fe, el amor y la esperanza de generación en generación.

En su mensaje para esta jornada, el Papa León XIV nos recuerda una hermosa promesa de Dios: «Yo no te olvidaré» (Is 49,15). Incluso en la fragilidad de la vejez, cada persona sigue siendo infinitamente amada por el Señor y llamada a sostener al mundo con la fuerza de su oración.

Además, estamos invitados a hacer un gesto concreto de caridad: visita o llama a una persona mayor que esté sola, comparte un momento con ella y pídele que rece por ti. Su experiencia, su fe y su testimonio son un verdadero tesoro para la Iglesia.

¡Gracias, abuelos y personas mayores, por ser memoria viva del amor de Dios!

viernes, 24 de julio de 2026

La VI Jornada Mundial de Abuelos y Mayores invoca el Amor contra el olvido

 


“Frágiles, pero llamados”, es la forma en que este año el Papa León XIV convoca a los abuelos y mayores para renacer como cristianos en la tercera edad, eligiendo los caminos de la reconciliación y la paz verdadera en este tiempo, en el que muchos se interrogan acerca de cómo será el mundo en el cual crecerán los propios nietos.

La Jornada, que se celebra este próximo domingo, día 26 de julio, tiene por lema “YO NO TE OLVIDARÉ” (Is 49,15), e invita a todos a colaborar en ella y dar testimonio de que la Iglesia es realmente madre, y no se olvida de sus hijos mayores.

Como fruto temprano, el tema de la Jornada ha sido recibido con especial afecto por los residentes, familiares y cuidadores de la Residencia de enfermos de alzheimer Dolores Castañeda (San Fernando), que se han unido en esta semana a la Jornada celebrando la Eucaristía, oficiada por el Padre Manuel Gómez Sánchez.

En su homilía, el P. Manuel ha insistido en dos ideas: por un lado, el respeto, la gratitud y el cariño que debemos a los que nos cuidaron, nos enseñaron a ser personas y nos transmitieron la fe. Por otro lado, la necesidad de rezar por ellos y de hacerlo juntos.

Recibida la bendición de larga vida, en un ambiente de fraternidad y alegría que ha llenado el salón de la Residencia, los asistentes se unieron en la oración de la Jornada, tal como el Papa pide en su Mensaje (facilitado por el secretariado diocesano de personas mayores). Asimismo, agradecieron al Padre Manuel su ministerio y la cercanía de la Iglesia, a través suya.

ORACIÓN DE LA JORNADA

Padre Santo, que proteges a todos los hombres, protégeme también ahora que soy mayor.

Tú me has hecho conocer, en Cristo, tu Nombre, Tú no te has escandalizado de mis fragilidades, Tú me custodias en tus manos, acaricias mis arrugas, ¡Tú nunca te olvidarás de mí!

Señor mío y Dios mío, haz que no tenga miedo de mi debilidad. Haz que sepa amarla, como tú la amas.
Haz que sepa escucharla, como tú la escuchas.
Haz que pueda escogerla, como tú la has escogido.

Tú que, siendo poderoso, te has revestido de humildad,
haz que ser mayores nos despoje de toda presunción y de toda división.

Para vivir estos años unidos en Ti ¡Que jamás nos olvidarás! AMÉN

domingo, 27 de julio de 2025

Domingo 27 de julio se celebra la V Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores.



 


Estimados hermanos:

 

El domingo 27 de julio se celebrará la V Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores. El lema este año es “Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza” (Si 14,2). Todas las diócesis, parroquias, asociaciones y comunidades eclesiales del mundo estamos invitados a sumarnos a la Jornada.

 

Adjuntamos el kit pastoral para la celebración de esta V Jornada, que incluye el mensaje del Papa León XIV, así como el cartel oficial y los materiales preparados por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

 

Además de preparar la Eucaristía del domingo 27 de julio con una especial participación de la feligresía más mayor, y de organizar, como en años anteriores, visitas a los ancianos de la comunidad que puedan hallarse más aislados, otro gesto significativo en esta quinta edición, al hallarnos en el contexto del Jubileo de la Esperanza,  sería propiciar al máximo la participación de todas las personas mayores en el acontecimiento jubilar. Entre los materiales que os enviamos encontraréis una sencilla propuesta de celebración jubilar, pensada para llevar la cercanía de la Iglesia a todas las personas mayores y para posibilitar que la misericordia del Padre sea experimentada también por aquellos que por su edad tienen dificultades para peregrinar físicamente.            

 

Por otra parte, en el Secretariado Diocesano de Personas Mayores no concebimos la Jornada como una fecha puntual centrada en un solo día, sino como una invitación sostenida en el tiempo y en el ánimo para organizar momentos de reflexión, diálogo y convivencia dedicados a las personas mayores de la comunidad. En este sentido, cada Jornada nos enseña a reconocer su papel insustituible como custodios de la memoria, testigos de la Fe y maestros de vida.

 

Por ello  ponemos a disposición de las parroquias nuestro Cuaderno para la reflexión, con diversidad de opciones para profundizar en el tema central de esta V Jornada. El trabajo a partir de este Cuaderno puede animarse por el equipo del Secretariado en las parroquias interesadas, o por parroquianos dispuestos y designados por cada párroco.

 

Agradeciendo como siempre vuestra dedicación y colaboración, quedo a vuestra disposición y aprovecho para enviaros un abrazo cordial, lleno de Esperanza en esa “revolución de la gratitud y del cuidado” de la que nos habla el Papa León XIV.


María del Mar Manuz Leal
Directora del Secretariado Diocesano de Personas Mayores
Obispado de Cádiz y Ceuta

viernes, 2 de agosto de 2024

El Centro Residencial Dolores Castañeda y la Parroquia de Ntra. Sra. de la Oliva en San Fernando celebran la IV Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores

 


Residentes, familiares y cuidadores han compartido la Eucaristía oficiada por el P. Manuel Gómez, que se desplazó hasta las instalaciones del centro especializado en el cuidado de personas mayores con la enfermedad de Alzheimer, para celebrar la Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores convocada por el Papa Francisco.

La celebración ha permitió unir a distintas generaciones de las familias en el afecto y gratitud hacia los más mayores, y en el reconocimiento hacia la vocación y los cuidados de los profesionales del centro.

Dando gracias a Dios, y pidiendo por todos los que están solos y sufren en el cuerpo o en el espíritu, la celebración finalizó con la bendición final de la jornada.

Bendición de la larga vida

Dios de misericordia,
que a estos hijos tuyos les has dado el don de una larga vida, concédeles tu bendición;
que sientan la dulzura y la fuerza de tu presencia:
que mirando hacia atrás
se regocijen de tu misericordia
y mirando al futuro
perseveren en la esperanza que nunca muere.


A ti la alabanza y la gloria por los siglos de los siglos.


martes, 23 de julio de 2024

«En la vejez no me abandones» es el lema de la IV Jornada Mundial de los Abuelos y de los Ancianos, (28 DE JULIO)

 


 El próximo 28 de julio se celebrará la IV Jornada Mundial de los Abuelos, fiesta establecida por el Papa Francisco desde hace cuatro años. En esta, se concede la indulgencia plenaria «a los abuelos, a los mayores y a todos los fieles» que, «movidos por un verdadero espíritu de penitencia y caridad», participen en los servicios que se celebrarán en todo el mundo el 28 de julio de 2024, afirma el decreto firmado por el cardenal Angelo De Donatis, Penitenciario mayor.

Esta indulgencia se extiende igualmente a los fieles «que dedicarán un tiempo adecuado a visitar a los hermanos mayores necesitados o en dificultad (como enfermos, gente sola, discapacitados…)», así como a sus cuidadores, y a todos aquellos que, «no pudiendo salir de casa por un motivo grave», se unan espiritualmente a los servicios de la jornada, «ofreciendo al Dios Misericordioso sus oraciones, dolores o sufrimientos de su vida, especialmente mientras se retransmitan las diversas celebraciones a través de los medios de comunicación», explica el documento.

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martes, 26 de julio de 2022

La Parroquia de Santo Tomás dedica una programación especial a la celebración del Día de los Abuelos

 


HOY martes 26 de julio celebramos la festividad de San Joaquín y Santa Ana, patronos de los abuelos. Es por ello que la Parroquia de Santo Tomás de Aquino (Cádiz) ha organizado la próxima semana una serie de actos para conmemorar el día de los padres de la bienaventurada Virgen María y el Día de los Abuelos.

De esta manera, del 26 al 30 de julio, a las 20.00 horas, habrá celebraciones de la Santa Misa y agradecimiento y homenaje a los abuelos y abuelas. Lo mismo ocurrirá el domingo, 31 de julio, en este caso a las 12.00 horas.

Esta celebración que estará presidida y predicada, diariamente, por el consiliario diocesano del Movimiento Vida Ascendente, P. Valentín Vivar, abarcará asuntos como la transmisión de la fe, el papel de los abuelos, la educación de los nietos, el amor de los abuelos, los abuelos y la catequesis familiar, y el testimonio de los abuelos.

domingo, 25 de julio de 2021

25 DE JULIO. Jornada Mundial de los abuelos y personas mayores. Abuelos y nietos: cómo transmitir los valores de la vida

 

 Hoy domingo 25 de julio se celebra la primera Jornada Mundial de los abuelos y las personas mayores instituida por el Papa Francisco y que se realizará cada año el cuarto domingo de julio, en la cercanía a la fiesta de los santos Joaquín y Ana, los abuelos de Jesús.
El Santo Padre alienta a las personas ancianas a proclamar el Evangelio a las jóvenes generaciones “no importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo”, dijo.

 Los abuelos Sarah y Declan O’Brien nos cuentan cómo viven su diálogo con los nietos que nunca han tenido ocasión de conocer a Dios.

En mi camino de fe, estuve influenciada profundamente por mi abuelo. Él venía de una familia tradicional irlandesa que se estableció en el Yorkshire a finales del siglo XIX. Llegó a ser, gracias a su duro trabajo y honestidad, un hombre de negocios respetado y exitoso en Bradford.

Esencialmente, era un hombre de Dios y amaba la Iglesia, pero no hablaba mucho de esas cosas. Lo que yo había notado en él era su amor para con todos y su amor particular conmigo, su nieta. Su forma de vivir tuvo un gran efecto en mí e influyó mucho en las decisiones que tomé luego. Ahora, mi marido Declan y yo somos abuelos. Los padres de nuestros cuatro nietos han optado por no educar a sus hijos en la fe en Dios.  Nosotros respetamos sus decisiones, mientras tratamos de descubrir nuevas maneras para transmitir los valores de la fe, ofrecidos con creatividad y amor, y en forma amena.

Una manera es la de pasar tiempo con nuestros nietos allí donde viven, en París. El Papa Francisco nos dice: «El tiempo es más grande que el espacio». Como nuestros cuatro nietos viven en el extranjero, el tiempo que pasamos con ellos es aún más importante. En ese tiempo que pasamos juntos, tratamos de amar a nuestros nietos con paciencia, ternura, bondad, misericordia y perdón.

Nosotros también experimentamos su amor y su misericordia. Lógicamente, estamos lejos de la perfección y cometemos muchos errores en el camino, y en la vida familiar no podemos escondernos detrás de una máscara. Nuestros nietos pueden ver nuestra autenticidad o la falta de ella.

Cuando vamos a verlos nos sentamos todos juntos a la mesa para la cena. Pero a veces nuestro hijo, una persona que nos impresiona por el amor que tiene con todos, instaura discusiones polémicas con nosotros. Nuestros nietos pueden ver cómo respondemos en estas situaciones, si tratamos sólo de ganar puntos sobre el otro o si tratamos de tener un verdadero diálogo.  Muchas veces no lo logramos, pero intentamos ponernos en los zapatos de nuestro hijo, escuchando bien, perdonándole algunas observaciones ultrajantes, sirviéndole otro vaso de agua, llevando la discusión a una instancia positiva. Cuando conseguimos poner en práctica todo eso, y nuestras acciones están inspiradas por el amor, esperamos que nuestros nietos lo perciban.

Una segunda manera de transmitir nuestra fe es compartir cosas importantes con nuestros nietos. Pasar tiempo con ellos nos permite hablar, cuando es el momento, “de cosas importantes con simplicidad y paz” (Amoris Laetitia 260).

Tratamos de tener la fuerza de decir lo que es realmente importante para ellos. Ellos también pueden plantearnos a nosotros cosas significativas, si estamos atentos para escucharlos.  De esta manera podeos tener breves diálogos con ellos, como entre amigos.  “Nada de largas prédicas, son suficientes pocas palabras», dice Chiara Lubich, fundadora de los Focolares.

Un tercer camino es la oración. No estamos en condiciones de rezar con nuestros nietos, pero por supuesto podemos rezar por ellos. Y cuando salimos juntos a pasear, a veces podemos visitar una iglesia. Una vez entramos en un templo justo en el momento de una adoración eucarística y recibieron la bendición. Hemos gozado con ellos el silencio de estar en una iglesia. Se dan cuenta de que nosotros vamos a misa y en alguna oportunidad nos pidieron para ir con nosotros.

Nuestros nietos no leen la Biblia, pero para Navidad recibimos un hermoso libro pop-up para niños y les leímos la historia de la Navidad, que nunca habían oído. Tal vez la única Biblia que pueden leer es a través de nosotros. Nuestra esperanza, nuestra alegría, nuestro amor pueden ser su buena nueva, “una fuente de luz en el camino”, como escribió el Papa Francisco en la Amoris Laetitia (290).

ENLACE A LA NOTICIA

Oración para la Jornada

“Te doy las gracias, Señor, por el consuelo de tu presencia: También en la soledad, eres mi esperanza, mi confianza; ¡Desde mi juventud, eres mi roca y mi fortaleza! Gracias por haberme dado una familia y por la bendición de una larga vida. 

Te agradezco los momentos de alegría y de dificultad, por los sueños cumplidos y por los que aún tengo por delante. 

Te agradezco este tiempo de renovada fecundidad al que me llamas. 

Aumenta, Señor, mi fe, hazme un instrumento de tu paz; enséñame a acoger a quien sufre más que yo, a no dejar de soñar y a narrar tus maravillas a las nuevas generaciones. 

Protege y guía al papa Francisco y a la Iglesia, para que la luz del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra. 

Envía tu Espíritu, Señor, a renovar el mundo, para que la tormenta de la pandemia se apacigüe, los pobres sean consolados y toda guerra termine. 

Sostenme en la debilidad, y concédeme vivir plenamente cada momento que me das, con la certeza de que estás conmigo cada día hasta el fin del mundo. Amén”.


sábado, 26 de junio de 2021

Mensaje del Papa para la Jornada de los abuelos y mayores que se celebrará el 25 de Julio

El papa Francisco ha hecho público este martes 22 de junio de 2021 su Mensaje para la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores que se celebrará cada año el cuarto domingo del mes de julio, entorno a la festividad de San Joaquín y Santa Ana. En esta ocasión será el 25 de julio.


“Yo estoy contigo todos los días”
 es el lema elegido para esta Jornada. Lo explica el Papa en su escrito, «incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: <Yo estoy contigo todos los días>. Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor —sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel!».

Indulgencia Plenaria en la Jornada de los abuelos y mayores

Además, la Penitenciaría Apostólica concede la Indulgencia Plenaria a los abuelos, a los mayores y a todos los fieles que participen el 25 de julio de 2021 en la celebración que presidirá el Papa Francisco en la Basílica Papal del Vaticano o en los diversos actos que se realizarán en todo el mundo. También se concede la Indulgencia a los fieles que dediquen un tiempo adecuado a visitar a sus hermanos mayores necesitados o en dificultad. Los que no puedan salir de casa por un motivo grave, recibirán la indulgencia uniéndose espiritualmente a las celebraciones de este día a través de los medios de comunicación.

La Penitenciaría Apostólica recuerda en su nota las tres condiciones habituales que exige la Iglesia para obtener la indulgencia: confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Sumo Pontífice.

Texto íntegro del Mensaje

MENSAJE DEL SANTO PADRE

Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

“Yo estoy contigo todos los días”

Queridos abuelos, queridas abuelas:

“Yo estoy contigo todos los días” (cf. Mt 28,20) es la promesa que el Señor hizo a sus discípulos antes de subir al cielo y que hoy te repite también a ti, querido abuelo y querida abuela. A ti. “Yo estoy contigo todos los días” son también las palabras que como Obispo de Roma y como anciano igual que tú me gustaría dirigirte con motivo de esta primera Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Toda la Iglesia está junto a ti —digamos mejor, está junto a nosotros—, ¡se preocupa por ti, te quiere y no quiere dejarte solo!

Soy muy consciente de que este mensaje te llega en un momento difícil: la pandemia ha sido una tormenta inesperada y violenta, una dura prueba que ha golpeado la vida de todos, pero que a nosotros mayores nos ha reservado un trato especial, un trato más duro. Muchos de nosotros se han enfermado, y tantos se han ido o han visto apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo.

El Señor conoce cada uno de nuestros sufrimientos de este tiempo. Está al lado de los que tienen la dolorosa experiencia de ser dejados a un ladoNuestra soledad —agravada por la pandemia— no le es indiferente. Una tradición narra que también san Joaquín, el abuelo de Jesús, fue apartado de su comunidad porque no tenía hijos. Su vida —como la de su esposa Ana— fue considerada inútil. Pero el Señor le envió un ángel para consolarlo. Mientras él, entristecido, permanecía fuera de las puertas de la ciudad, se le apareció un enviado del Señor que le dijo: “¡Joaquín, Joaquín! El Señor ha escuchado tu oración insistente”.[1] Giotto, en uno de sus famosos frescos,[2] parece ambientar la escena en la noche, en una de esas muchas noches de insomnio, llenas de recuerdos, preocupaciones y deseos a las que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

Pero incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: “Yo estoy contigo todos los días”. Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor —sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel!

A veces tendrán el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil. En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!

Sin embargo, el Señor también nos envía sus mensajeros a través de la Palabra de Dios, que nunca deja que falte en nuestras vidas. Leamos una página del Evangelio cada día, recemos con los Salmos, leamos los Profetas. Nos conmoverá la fidelidad del Señor. La Escritura también nos ayudará a comprender lo que el Señor nos pide hoy para nuestra vida. Porque envía obreros a su viña a todas las horas del día (cf. Mt 20,1-16), y en cada etapa de la vida. Yo mismo puedo testimoniar que recibí la llamada a ser Obispo de Roma cuando había llegado, por así decirlo, a la edad de la jubilación, y ya me imaginaba que no podría hacer mucho más. El Señor está siempre cerca de nosotros —siempre— con nuevas invitaciones, con nuevas palabras, con su consuelo, pero siempre está cerca de nosotros. Ustedes saben que el Señor es eterno y que nunca se jubila. Nunca.

En el Evangelio de Mateo, Jesús dice a los Apóstoles: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado» (28,19-20). Estas palabras se dirigen también hoy a nosotros y nos ayudan a comprender mejor que nuestra vocación es la de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños. Escuchen bien: ¿cuál es nuestra vocación hoy, a nuestra edad? Custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar de los pequeños. No lo olviden.

No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo.

Hay, por tanto, una vocación renovada también para ti en un momento crucial de la historia. Te preguntarás: pero, ¿cómo es posible? Mis energías se están agotando y no creo que pueda hacer mucho más. ¿Cómo puedo empezar a comportarme de forma diferente cuando la costumbre se ha convertido en la norma de mi existencia? ¿Cómo puedo dedicarme a los más pobres cuando tengo ya muchas preocupaciones por mi familia? ¿Cómo puedo ampliar la mirada si ni siquiera se me permite salir de la residencia donde vivo? ¿No ya es mi soledad una carga demasiado pesada? Cuántos de ustedes se hacen esta pregunta: mi soledad, ¿no es una piedra demasiado pesada? El mismo Jesús escuchó una pregunta de este tipo a Nicodemo, que le preguntó: «¿Cómo puede un hombre volver a nacer cuando ya es viejo?» (Jn 3,4). Esto puede ocurrir, responde el Señor, abriendo el propio corazón a la obra del Espíritu Santo, que sopla donde quiere. El Espíritu Santo, con esa libertad que tiene, va a todas partes y hace lo que quiere.

Como he repetido en varias ocasiones, de la crisis en la que se encuentra el mundo no saldremos iguales, saldremos mejores o peores. Y «ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender —¡nosotros somos duros de mollera!— Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores […]Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca» (Carta enc. Fratelli tutti, 35). Nadie se salva solo. Estamos en deuda unos con otros. Todos hermanos.

En esta perspectiva, quiero decirte que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos —nosotros, y nuestros hijos y nietos— cuando la tormenta se haya calmado. Todos «somos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas» (ibíd., 77). Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oraciónLa cercanía del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino incluso a los más frágiles de entre nosotros, por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración.

El profeta Joel pronunció en una ocasión esta promesa: «Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (3,1). El futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando: en nuestros sueños de justicia, de paz y de solidaridad está la posibilidad de que nuestros jóvenes tengan nuevas visiones, y juntos podamos construir el futuro. Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta.

Los sueños, por eso, están entrelazados con la memoria. Pienso en lo importante que es el doloroso recuerdo de la guerra y en lo mucho que las nuevas generaciones pueden aprender de él sobre el valor de la paz. Y eres tú quien lo transmite, al haber vivido el dolor de las guerras. Recordar es una verdadera misión para toda persona mayor: la memoria, y llevar la memoria a los demás. Edith Bruck, que sobrevivió a la tragedia de la Shoah, dijo que «incluso iluminar una sola conciencia vale el esfuerzo y el dolor de mantener vivo el recuerdo de lo que ha sido —y continúa—. Para mí, la memoria es vivir».[3] También pienso en mis abuelos y en los que entre ustedes tuvieron que emigrar y saben lo duro que es dejar el hogar, como hacen todavía hoy tantos en busca de un futuro. Algunos de ellos, tal vez, los tenemos a nuestro lado y nos cuidan. Esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor. Pero sin la memoria no se puede construir; sin cimientos nunca construirás una casa. Nunca. Y los cimientos de la vida son la memoria.

Por último, la oración. Como dijo una vez mi predecesor, el Papa Benedicto, santo anciano que continúa rezando y trabajando por la Iglesia: «La oración de los ancianos puede proteger al mundo, ayudándole tal vez de manera más incisiva que la solicitud de muchos».[4] Esto lo dijo casi al final de su pontificado en 2012. Es hermoso. Tu oración es un recurso muy valioso: es un pulmón del que la Iglesia y el mundo no pueden privarse (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 262). Sobre todo en este momento difícil para la humanidad, mientras atravesamos, todos en la misma barca, el mar tormentoso de la pandemia, tu intercesión por el mundo y por la Iglesia no es en vano, sino que indica a todos la serena confianza de un lugar de llegada.

Querida abuela, querido abuelo, al concluir este mensaje quisiera señalarte también el ejemplo del beato —y próximamente santo— Carlos de Foucauld. Vivió como ermitaño en Argelia y en ese contexto periférico dio testimonio de «sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano» (Carta enc. Fratelli tutti, 287). Su historia muestra cómo es posible, incluso en la soledad del propio desierto, interceder por los pobres del mundo entero y convertirse verdaderamente en un hermano y una hermana universal.

Pido al Señor que, gracias también a su ejemplo, cada uno de nosotros ensanche su corazón y lo haga sensible a los sufrimientos de los más pequeños, y capaz de interceder por ellos. Que cada uno de nosotros aprenda a repetir a todos, y especialmente a los más jóvenes, esas palabras de consuelo que hoy hemos oído dirigidas a nosotros: “Yo estoy contigo todos los días”. Adelante y ánimo. Que el Señor los bendiga.

Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la B.V. María

FRANCISCO

lunes, 1 de febrero de 2021

Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, EL CUARTO DOMINGO DE JULIO

 


El Papa instituye la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

En sus palabras tras el rezo del Ángelus, en este domingo 31 de enero, el Santo Padre Francisco anunció la institución de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, a celebrarse el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús.
Un anuncio que toca el corazón de todos: el Papa Francisco, tras la oración mariana del Ángelus, instituyó, en este domingo 31 de enero la celebración, en toda la Iglesia, de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, a partir de este año 2021, el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús.
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domingo, 28 de julio de 2019

DE NUEVO: "Feliz día de los abuelos" SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA (PATRONOS DE LOS ABUELOS)


El pasado viernes 26 de julio, celebramos el Día de los Abuelos. Coincide con San Joaquín y Santa Ana, abuelos maternos de Jesús.

En estas fechas todos los medios de comunicación se acuerdan de los abuelos y abuelas realizando todo tipo de homenajes. En esta ocasión, queremos compartir con vosotros un emotivo vídeo que han elaborado por la Asociación Mensajeros por la Paz para rendir tributo a la labor social que realizan los abuelos/as en nuestra sociedad. Puedes ver en este vídeo cómo hasta 24 personalidades hablan de su experiencia como abuelos/as y como nietos/as.



No cabe duda que los abuelos/as del siglo XXI no se parecen mucho a la imagen de abuelos que tenemos de hace unas generaciones. Hablar de abuelos a mediados del siglo pasado era imaginar a una persona con apariencia de haber vivido muchos más años de los que en realidad había vivido.
La abuelidad se disfruta de una manera diferente a hace unos años debido a cambios tanto en la calidad de vida de los mayores como en el desarrollo de los pequeños.
Cambio social del término abuelo-abuela
En muchas ocasiones, los abuelos de aquella época solían ser personas más distantes y difícilmente se tiraban al suelo a jugar con los nietos, ni fomentaban el hecho de jugar con ellos. Por su parte, las abuelas eran esas tiernas ancianas con sus pañuelos en la cabeza que siempre estaban en la cocina y limpiando sus casas.
La sociedad ha evolucionado mucho y esa estampa ha cambiado sobremanera. Hoy en día, una persona de 60 años no es una anciana como pasaba antes. Ahora cuando llega el momento de tener nietos, pese a que suele ser más tarde, el estado físico y mental de los futuros abuelos/as difiere del de antaño.

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA. Una antigua tradición, que arranca del siglo II, atribuye estos nombres a los padres de la Santísima Virgen María. Los evangelios no nos hablan de ellos. Las noticias sobre los mismos nos han sido transmitidas por los escritos apócrifos, en particular el Protoevangelio de Santiago, del siglo II. Éste cuenta que Joaquín contrajo matrimonio a los veinte años con Ana, perteneciente como él a la tribu de Judá y al linaje de David. Procedentes de Galilea, se instalaron pronto en Jerusalén, cerca de la piscina Probática, en la que Jesús curó a un paralítico. La actual iglesia de Santa Ana recuerda esta tradición, aunque según otra, la casa de los abuelos de Jesús estaría en Séforis (Galilea). Ser los padres de María es mucho.