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sábado, 4 de abril de 2026

LA REVOLUCIÓN DE LA CRUZ EN LAS CALLES (Por JFSerrano Oceja)


Leí esta semana a un conspicuo columnista, de cuyo nombre no me quiero acordar, decir que quedaban pocos días para que cientos de miles de católicos se «apropien del espacio público» exactamente igual que los musulmanes al final del Ramadán. No hubiera sido difícil ser más preciso y afirmar que las cofradías inscritas en el Registro de Entidades Religiosas son 5.534 y que los cofrades alcanzan el millón, a los que, por cierto, no se les puede medir por el mismo criterio homogéneo de creencia. Hubiera incluso podido añadir cuál que la religiosidad popular aporta al PIB de España unos 9.900 millones de euros, alrededor del 0,95–1% del PIB y unos 134.000 empleos vinculados.

Dejando a un lado este tipo de argumentación instrumental, y la escasamente acertada comparación entre la Semana Santa y el Ramadán, conviene aclarar que los católicos no se apropian del espacio público porque ya son propietarios de él, como lo son todos los ciudadanos. El espacio público, incluso de lo público, no es del Estado, sino de la comunidad, de la sociedad como geografía de encuentro, de aportaciones de sentido destinadas a configurar la convivencia. Que la Semana Santa ocupe durante estos próximos días lo público, tal y como hacen no pocas competiciones deportivas y reivindicaciones políticas y sociales, no es más que un ejercicio de libertad y una expresión de la dimensión pública de la fe. A nadie se le obliga a salir en un paso, ni a asistir a una procesión. Estamos ante una expresión privilegiada de la estética de la fe que interpela al drama de lo humano. En los primeros siglos, cuando los cristianos miraban la cruz, no veían tanto el sufrimiento sino el abrazo de Cristo al mundo. El planteamiento de la cruz es revolucionario porque no habla del dolor, sino del amor. La calidad de una religión ya no se mide por la cantidad de dolor que puede consolar, sino por la de amor que puede dar. La religión ya no es lo que la humanidad tiene que dar a Dios, sino cómo tenemos que dejar que nos dé.


viernes, 27 de marzo de 2026

La Cruz "no es una imagen habitual, sino el acontecimiento que ha transformado la historia"

CANCIÓN: NADIE TE AMA COMO YO

La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) lanza esta Semana Santa la campaña nacional “La Cruz no es un logo”, que podrá verse en marquesinas de Cádiz, "una propuesta que busca devolver a la Cruz su sentido original y radical, en un contexto en el que los símbolos se vacían de significado y se convierten en meras imágenes. Lejos de ser un elemento decorativo o un símbolo cultural vacío, la Cruz es –recuerda la campaña– la expresión del amor radical de Cristo y el precio de la salvación de cada persona".

El mensaje principal, 'La Cruz no es un logo. Es el precio de tu vida', busca interpelar tanto a creyentes como a no creyentes durante estos días santos, "proponiendo una mirada más profunda: contemplar la Cruz no como una imagen habitual, sino como el acontecimiento que ha transformado la historia y continúa ofreciendo esperanza al mundo".

La creatividad, que podrá verse en marquesinas de distintos municipios de toda España, "sitúa al espectador ante una realidad esencial: un Dios que entrega libremente su vida por cada hombre. Al contemplar la cruz, la campaña recuerda que hay alguien que ha pagado el precio de nuestra salvación".

Sin embargo, el mensaje no se detiene en el Viernes Santo. La ACdP subraya que "la fe cristiana se sostiene en un anuncio que atraviesa los siglos y fundamenta la esperanza: “¡Jesucristo ha resucitado!”.

Un signo vivo

Con esta iniciativa, la Asociación Católica de Propagandistas quiere acompañar a la sociedad durante la Semana Santa, llevando al espacio público "un mensaje de profundidad, esperanza y sentido. Una propuesta que invita a redescubrir la Cruz como un signo vivo, capaz de interpelar, consolar y transformar hoy".

Las piezas estarán presentes en marquesinas de Cádiz durante la Semana Santa, dentro de una campaña que se desarrolla simultáneamente en distintas localidades de España como Sevilla, Algeciras, Cuenca, Huesca, Ávila, Zamora o Málaga.

La quinta campaña de Semana Santa

Esta iniciativa se suma a las otras cuatro campañas de Semana Santa con las que la ACdP ha buscado interpelar al público en los últimos años. Entre ellas destacan "¿Eres feliz?", que conducía a un anuncio de esperanza a través de códigos QR; el mensaje directo "Murió por tus pecados. Aunque vivas como si no existiera", la campaña “¿Morirías por alguien que no te conoce? Él sí.”, centrada en la entrega total por amor y la historia del Héroe del Monopatín, Ignacio Echevarría; y la propuesta “Ten esperanza, un ladrón se salvó”, inspirada en la historia del Buen Ladrón. Con “La Cruz no es un logo”, la asociación completa así su tercera propuesta en estas fechas, reafirmando su compromiso de llevar el anuncio cristiano a la vida cotidiana y a las calles de toda España.

La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) es una agrupación de fieles laicos unidos en su vocación de evangelizar la vida pública. Desde su creación en 1909, los miembros de la ACdP participan activamente en la sociedad, trabajando por hacer presente en todos los ámbitos el mensaje de Jesucristo y de la Iglesia.

martes, 12 de abril de 2022

Una Cruz para elevar al hombre, por D. Rafael Zornoza

 

PUBLICADO EN DIARIO DE CÁDIZ 10.4.2022

Estamos a las puertas de la Semana Santa, una celebración de impresionante grandeza que nos facilita participar de cerca en los últimos días de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, que por su muerte y resurrección nos regala salvación a la humanidad entera, y hace posible un radical cambio de nuestra vida, personal y comunitaria. La historia de nuestros pueblos y sus tradiciones recoge en estos días una manifestación colectiva de fe y de religiosidad popular que nos allana el camino. Además, a nadie que busque sinceramente el sentido de la vida deja indiferente que se presente como redentor de toda la humanidad a un hombre aparentemente derrotado, muerto en el abandono y sufrimiento más extremo. ¿Qué tiene que ver el dolor con la salvación, el sufrimiento con la felicidad?

Se dice que este año viviremos un esperado reencuentro con las procesiones y con celebraciones abiertas. Es cierto que la pandemia y sus consecuencias nos han afectado. Ahora, por añadidura, también nos duele la trágica guerra que produce tanto dolor y destrucción, y el sufrimiento provocado por tantos conflictos sociales y la pobreza. Ante la presencia de tanto mal es imprescindible vivir bien esta semana y encontrarnos con el Señor, con su entrega y su vida que nos llenan de consuelo en la aflicción y de sentido para vivir.

La Pasión y Muerte del Señor Jesús nos sitúa ante la realidad de las maldades cometidas, de nuestras provocaciones contra los demás, ante el misterio del mal. Y su Resurrección nos permite afirmar el triunfo de la bondad y de la vida sobre el pecado y la muerte que llega hasta nosotros. Todo queda asumido en la persona de Jesús, todo encuentra en Él su explicación, todo lleva a superar los odios y a realizar el contenido de su enseñanza que es camino para vivir. Intentemos comprender desde lo más intimo la misericordia y compasión de Jesús aceptando la invitación de la hora de Jesús, esa hora de la salvación para nosotros. Para renovar nuestra fe y la misión de la comunidad, estamos llamados a volver a ese inicio, a la Iglesia naciente que vemos en María y Juan al pie de la cruz.

Francisco acaba de exhortarnos en Malta a “vigilar para que las prácticas religiosas no se reduzcan a la repetición de un repertorio del pasado, sino que expresen una fe viva, abierta, que difunda la alegría del Evangelio, porque la alegría de la Iglesia es evangelizar”. “No nos puede bastar una fe hecha de costumbres transmitidas, de celebraciones solemnes, de hermosas reuniones populares y de momentos fuertes y emocionantes; necesitamos una fe que se funda y se renueve en el encuentro personal con Cristo, en la escucha cotidiana de su Palabra, en la participación activa en la vida de la Iglesia, en el espíritu de la piedad popular”.

Necesitamos adquirir la misma mirada de Cristo en lo alto de la cruz ofreciendo el perdón y abriendo el corazón a la misericordia. A Él mismo –que se ofrece en sacrificio para la reconciliación— hemos de pedir coraje en la entrega, convicción y esperanza, pues sólo así conseguiremos un mundo mejor y un trato de hermanos entre todos. Contemplemos la realidad actual con interés por transformarla, mejorando nuestras relaciones entre las personas cercanas y lejanas. Cristo mismo es quien se nos presenta en el rostro de tantos hermanos y hermanas que sufren y son crucificados por el dolor, la miseria, la pobreza y la violencia. No nos conformemos con unas relaciones superficiales y vacías de contenido, dejemos que la celebración de los oficios, las procesiones y los actos de piedad nos lleven a lo esencial, para vivir con autenticidad la vida nueva que Jesús nos da.

Para poder entrar de lleno en el misterio del amor misericordioso de Dios, el cristiano ha de vivir estos días con espíritu de fe y con recogimiento interior participando plenamente en los actos litúrgicos. Volver al corazón del Señor es redescubrir el centro de la fe, la relación con Jesús, la acogida al prójimo y el anuncio de su Evangelio al mundo entero.

La Semana Santa es la gran oportunidad para reencontrar la misericordia, morir con Cristo y resucitar con Él, para sofocar nuestro egoísmo y volver al amor, pues nos introduce en el “gran paso” hacia la Vida por la muerte y la resurrección realizada plenamente en Cristo y en nosotros sacramentalmente. El canto de los niños hebreos nos introduce en el Domingo de Ramos, profetizando ya la resurrección del Señor. Estos días son “tiempo de la espera del Esposo”, como canta la antigua liturgia: “la sala de tu banquete nupcial la veo iluminada, oh mi Salvador; y no tengo vestido nupcial para entrar a disfrutar de tu belleza; Ilumina, Señor, el traje de mi alma y ¡sálvame!, Señor ¡sálvame!”. Con este mismo deseo hemos de vivirlo también nosotros, abiertos a la gracia y la salvación de Dios, purificados, llenos de amor al Esposo que da la vida por nosotros y nos abre las puertas del cielo porque ya nos introduce en su corazón en la tierra. Sólo Dios puede elevar al hombre, y esto es lo que Cristo comenzó en la cruz.

TE INTERESA:

«Una Cruz para elevar al hombre», Diario de Cádiz, 10/04/2022.

Mensaje para la Semana Santa

Evangelio del Día.

viernes, 8 de abril de 2022

CHARLA CUARESMAL DEL 4 de Abril de 2022 titulada "ABRAZAR LA CRUZ". Por el P. Lázaro Albar

CHARLA CUARESMAL DEL 4 de Abril de 2022  titulada "ABRAZAR LA CRUZ". Impartida por el Padre Lázaro Albar y ofrecida como reflexión al Cenáculo de Emaus.

viernes, 29 de octubre de 2021

AYER, cientos de jóvenes arroparon a la Cruz de la JMJ en su recorrido por nuestra diócesis


Desde primera hora de la mañana de ayer,


jóvenes y niños de distintos colegios de la diócesis dieron la bienvenida a la Cruz del Papa y al icono de Nuestra Señora Salus Populi Romani, en distintos lugares de la geografía diocesana.


Con tan sólo veinticuatro horas para disfrutar de su visita, la intensa jornada comenzó en Algeciras, concretamente en el Parque Feria, donde fue acogida por los jóvenes y niños de colegios de la localidad en un acto que organizó la delegación de Pastoral Juvenil. De esta manera, tuvo lugar la recepción de la cruz que fue llevada en peregrinación desde el Parque Feria hasta la Plaza Alta, donde se celebró un acto en el que se dio testimonio público de fe.

Posteriormente, fue trasladada hasta Cádiz, al Colegio María Auxiliadora, donde fue recibida en un ambiente festivo y de oración por alumnos y docentes del centro. Desde allí partió hacia la Catedral. 



En su recorrido por el Paseo Marítimo y el Campo del Sur distintos grupos de jóvenes y niños de los centros escolares de la capital gaditana portaron la cruz y el icono en turnos de relevo. Así, a su llegada al primer templo de la diócesis, fue recibida por el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza, y varios miembros del Cabildo.

Ante una Catedral llena de niños y jóvenes, el obispo diocesano aseguró que este momento de acogida de la cruz “es un momento propicio para la renovación de nuestra fe. El signo de la cruz nos habla de Jesús, es el crucificado. ¿Por qué tiene valor la cruz? Porque es el lugar en el que Jesús ha dado la vida por nosotros. ¿Cuál es el mejor regalo que podemos recibir? La cruz, y con ella a Jesús. Hemos venido hoy aquí a recoger interiormente la cruz, a acoger esta cruz que nos va a presidir el día que vayamos a Lisboa al encuentro con el Papa, donde nos uniremos con el Señor a través de nuestra fe. No hay poder más grande en el mundo que el amor de Dios. Los jóvenes tienen que demostrar a un mundo viejo que Jesús nos hace felices”.



Tras el testimonio de un seminarista de San Bartolomé sobre su experiencia en una Jornada Mundial de la Juventud y un momento de oración.

 La siguiente parada fue la vecina localidad de San Fernando. En la Iglesia Mayor se celebró una oración para partir en peregrinación hasta la Parroquia de San José Artesano, donde también se rezó a los pies de la cruz.



La última parada fue en Chiclana de la Frontera, donde fue recibida en su Iglesia Mayor, lugar en el que se celebró el rezo del Rosario, la Eucaristía y la Hora Santa. La Cruz de la JMJ 2023 y el icono de la Virgen terminaron su recorrido en el convento de las Madres Agustinas, donde ha pasado la noche.

Así, a primera hora de la mañana de este viernes ha puesto rumbo hacia la diócesis de Huelva, última diócesis de España donde será acogida antes de llegar a Portugal.

La Jornada Mundial de la Juventud tiene dos símbolos que la acompañan y representan: la Cruz y el icono de Nuestra Señora Salus Populi Romani. Estos símbolos peregrinan meses antes por las diócesis del país que organiza este gran evento para acompañar a los jóvenes en su camino de preparación hacia JMJ. En esta ocasión, desde el pasado 5 de septiembre está recorriendo las diócesis españolas para animar especialmente a los jóvenes a prepararse y a participar en los actos de la JMJ de Lisboa 2023.

lunes, 23 de agosto de 2021

La Cruz retirada del Monte del Gozo. Por José Francisco Serrano Oceja

Parece que la noticia había pasado inadvertida hace dos semana. Hace meses, quizá en tiempos de pandemia intelectual, la Xunta de Galicia retiró el Monumento a san Juan Pablo II del Monte del Gozo: una escultura, a modo de contemporáneo cruceiro, obra de la artista brasileña Yolanda D´Augsburg Rodrigues (Río de Janeiro, 1942). Los responsables políticos gallegos, en privado, han ofrecido una serie de rocambolescas excusas. Las placas con escenas de la visita del Papa están depositadas en el suelo. De las autoridades religiosas gallegas, que se supone debían sentirse concernidas, nada se sabe.

Resulta preocupante la obsesión que le ha entrado a algunos políticos españoles, también ahora del PP, por retirar las cruces. Al margen del simbolismo de esta infausta costumbre, que solo se parará con el rechazo y la reacción de quienes consideran la cruz un símbolo de la reconciliación universal, el caso del monumento a san Juan Pablo II en el Monte del Gozo es preocupante. ¿Estamos ante un proceso de desamortización del sentido cristiano del Camino de Santiago? No pocas personas hacen el Camino como vía de interioridad, incluso cultural, sin pretensión apostólica. Negar que la raíz y la razón de este Camino está en la propuesta espiritual de la peregrinación, según la forma histórica católica, es condenarlo a su irrelevancia. He aquí algunos datos de la reciente historia. En el Año Santo de 1982 se expidieron 700 Compostelas. El siguiente, una vez que san Juan Pablo II presidió la IV Jornada Mundial de la Juventud en 1989, se firmaron en torno a 400.000 mil.

Recomendaría, si no lo han hecho, que los responsables de esa decisión lean el discurso de don Marcelino Oreja Aguirre, del pasado mes de junio, en la Academia de Ciencias Morales y Políticas «Memorias de un peregrino del Camino de Santiago en el año 2021». Allí dijo: «La verdadera esencia del europeo reside en la fe en la que se apoyaron los pueblos capaces de redescubrir desde ella las armas, no violentas, de los valores que reflejan la dignidad de la persona humana». De eso habló allí san Juan Pablo II.