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Alfonso Bullón de Mendoza: «La sociedad tiene valores cristianos, pero no reconoce su origen»
La Delegación Diocesana de Apostolado Seglar tiene como misión específica la promoción de la formación y del compromiso transformador de la realidad de los fieles laicos, así como el fomento de la comunión entre los movimientos, comunidades y asociaciones con presencia en la Diócesis.
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Alfonso Bullón de Mendoza: «La sociedad tiene valores cristianos, pero no reconoce su origen»
La 24 edición del Congreso Católicos y Vida Pública que anualmente organiza la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU, concluyó el pasado domingo 20N con una llamada a proponer la fe, transmitir un legado, como se refleja en el manifiesto final de ocho puntos (se puede leer aquí.
La última jornada ha contado con la intervención del Archiduque Imre de Habsburgo-Lorena, quien ha analizado el papel de los cristianos en Europa en el contexto de la actual crisis antropológica y espiritual.
“Lo mejor que puede hacer un cristiano hoy en día es ser testigo de la Fe y transmitir a la siguiente generación la rica herencia espiritual y cultural que se nos ha dado”. Así lo ha aseverado durante su discurso pues, como bien ha recordado, “para mi familia, los Habsburgo, esta cuestión de la transmisión del patrimonio siempre fue clave. Hoy no hay patrimonio material que transmitir, ya que todas nuestras pertenencias fueron confiscadas tras la Primera Guerra Mundial, pero sí hay tradición y principios familiares”.
El archiduque ha señalado que “no se puede entender Europa sin tener en cuenta sus raíces, de lo contrario no podemos entender su vocación".
EN LA WEB DEL CONGRESO PODEMOS ENCONTRAR TODAS LAS INTERVENCIONES
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WEB DEL CONGRESO E INSCRIPCIÓN
Ya llevan más de 700 inscritos y dan por hecho que llegarán al millar de participantes. Así afronta la Asociación Católica de Propagandistas el XXIV Congreso Católicos y Vida Pública. Bajo el lema «Proponemos la fe. Transmitimos un legado», la Universidad San Pablo CEU acogerá este foro en Madrid del 18 al 20 de noviembre.
Hablamos con Rafael Sánchez Saus, director del congreso, de los retos a los que se enfrenta el catolicismo en la sociedad actual.
¿Cómo se evita que esta herencia se eche a perder?
Primero hay que recibirlo como se merece, renovarlo y, posteriormente, estar en condiciones de transmitirlo. Si no, por mucho que se cuide, se termina ahí. El legado no llega de forma automática, sino que hay que ganárselo y ponerlo a trabajar. Por eso, queremos dedicar parte del congreso a trasladar el mensaje de que, frente a las muchas dificultades del momento, tenemos soluciones a mano.
Eso lo iremos viendo a través de la panorámica que dibujemos desde la realidad de Hispanoamérica, Estados Unidos, Europa y en España. La civilización cristiana tiene mucho que ofrecer a un mundo muy necesitado no de soluciones fáciles, sino de referentes sobre los que construir soluciones.
Al presentar el congreso, la directora de las Cruzadas de Santa María, Lydia Jiménez, alertaba de dos tentaciones para el católico: quedarse atrapado en la nostalgia o exaltar el progreso borrando todo el pasado. ¿Cómo moverse entre esos polos?
Esa es la gran cuestión de la Iglesia en este momento. La Iglesia parece atrapada en dos miradas que deberían ser convergentes y no lo son. Por algún motivo, la enorme labor apostólica de San Juan Pablo II y la enorme tarea intelectual de Benedicto XVI no han dado los resultados apetecidos en cierta forma o se ha considerado insuficiente. Ahora nos encontramos en la tentación de adentrarnos en la división y un rechazo que produce heridas y cierta esterilidad en la Iglesia a la hora de proponer y convertirse en el referente que tendría que ser en un mundo tan angustiado como el de hoy.
¿Cómo puede ser la Asociación Católica de Propagandista voz de denuncia sin convertirse en profeta de calamidades?
Hay que quitarse el miedo a lo que se puede padecer para ser lo que hay que ser. Por eso en el congreso del año pasado denunciamos con toda firmeza el fenómeno de la corrección política y la cultura de la cancelación. Ceder ante estos postulados dentro de la Iglesia es firmar, no sé si un suicidio, pero sí un paso atrás tremendo que genera una confusión enorme. Partiendo de esas amenazas que atentan contra la libertad religiosa y de conciencia, ahora damos un paso más para centrarnos en valorar cómo desde nuestro patrimonio podemos abrir nuevos caminos.
¿Y dónde se juega hoy más esa batalla? ¿En la política, en la educación, en lo social...?
Todos esos frentes están activos y en ebullición. La tentación sería actuar solo desde el campo de la política, conseguir el Boletín Oficial del Estado y, desde ahí, regular las cosas de la forma que nos gusta. Pero sabemos que, sin ser eso algo que se deba descartar, siempre sería insuficiente. El efecto es mucho más importante cuando puedes actuar a través de minorías creativas que crean núcleos y generando vida, que es la sugerencia que lanzó Lydia Jiménez. Es una de las tareas más urgentes, en tanto que hace unas décadas había muchos más núcleos en acción dentro de la Iglesia y ahora hay un cierto fallecimiento. Hay que volver a animar a esas minorías en favor de la evangelización.