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miércoles, 12 de agosto de 2026

Miles de personas afectadas por el terremoto en Colombia: ya estamos respondiendo

 


Colombia sufrió en la mañana del 10 de agosto de 2026 un terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. Tras el seísmo se registraron 12 réplicas y sus efectos alcanzaron a un total de 12 departamentos del centro y occidente del país.

Los impactos más graves se registraron en los departamentos del Chocó y Valle del Cauca. Según el balance disponible hasta el momento, hay más de 1.300 personas heridas, cerca de 240 fallecidas y más de 2.000 personas desaparecidas. La Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, en coordinación con las organizaciones humanitarias presentes en el territorio, continúa evaluando el alcance de los daños.

Ante esta situación, en Cáritas hemos activado nuestra red para llegar también a las comunidades más aisladas y con mayores dificultades de acceso.

Una respuesta desde el territorio

Las Pastorales Sociales-Cáritas Diocesanas de Istmina-Tadó, Quibdó, Pereira, Cali y Manizales han informado de que sus equipos y personas voluntarias se encuentran sanos y salvos y han iniciado ya el despliegue hacia las zonas afectadas.

La prioridad es llegar especialmente a las zonas rurales y a aquellas comunidades menos visibles, donde la presencia del Estado es menor y las dificultades de acceso complican la evaluación de los daños y la llegada de ayuda.

En el departamento del Chocó existen además importantes vacíos de información sobre la situación en algunas de las zonas afectadas. Los equipos de las Pastorales Sociales de Istmina y Quibdó están trabajando para conocer las necesidades de las comunidades y contribuir a completar la información disponible.

De forma inmediata, y en coordinación con los Bancos de Alimentos de las diócesis, se está realizando acopio de alimentos, agua y productos de higiene para comenzar su distribución durante los desplazamientos de los equipos.

Toca ponerse a disposición para no abandonar a nadie

Nuestro compañero Manuel Gutiérrezcooperante de Cáritas Española con base en Bogotá, se encontraba en Colombia tras regresar de Caracas, donde había participado en el apoyo a la respuesta de Cáritas Venezuela al terremoto del pasado 24 de junio.

«Tras ver las consecuencias del terremoto en Venezuela, me imaginé lo peor», explica. Y añade: «Ahora, igual que hicimos en Venezuela, toca ponerse a disposición de Cáritas Colombia para no abandonar a nadie».

Cáritas Colombia ha activado su Servicio Nacional de Emergencias y está coordinando la evaluación de las necesidades humanitarias en las diócesis afectadas. Esta información se compartirá con el resto de actores humanitarios para coordinar una respuesta adaptada a las necesidades de la población.

100.000 euros para atender las necesidades más urgentes

Desde Cáritas Española hemos puesto a disposición 100.000 euros de nuestro Fondo de Emergencias para apoyar la respuesta inicial.

Esta ayuda permitirá reforzar el acceso de las personas afectadas a:

  • Agua potable.
  • Productos de higiene.
  • Atención sanitaria.
  • Asistencia alimentaria.
  • Alojamiento temporal.

Trabajamos en Colombia desde 1980, apoyando los esfuerzos de Cáritas Colombia en la construcción de paz y en la atención humanitaria a las personas afectadas por la violencia y las catástrofes naturales.

Nuestra presencia y colaboración han sido especialmente significativas en el departamento del Chocó, el territorio con mayor índice de pobreza del país y una población mayoritariamente afrodescendiente e indígena que ha sufrido históricamente situaciones de marginación y olvido.

Hoy, ante esta nueva emergencia, volvemos a poner toda nuestra experiencia y capacidad al servicio de las personas afectadas.

Queremos estar donde más nos necesitan

Las evaluaciones continúan y las necesidades pueden aumentar a medida que los equipos consigan acceder a las zonas más aisladas.

Por eso seguimos trabajando junto a Cáritas Colombia y la red internacional de Cáritas para ofrecer una respuesta cercana, coordinada y basada en las necesidades reales de cada comunidad.


Bizum: 00883 – Concepto: Terremoto Colombia

La Iglesia se vuelca ante el seísmo de magnitud 7,4 en Colombia: las cifras ya superan 164 muertos

 


240 muertos, más de 700 heridos y 80 edificios derrumbados es, en la mañana de este martes, la actualización del fuerte terremoto que ha sacudido Colombia este lunes 10 de agosto. La Conferencia Episcopal de Colombia ha expresado su cercanía con los afectados por el sismo de 7,4 grados, llamando a todos los fieles a volcar su “oración y solidaridad” con los damnificados

Los obispos colombianos dirigieron a través de un comunicado su “afecto y cercanía” a quienes padecen las consecuencias del terremoto, cuyo epicentro fue localizado en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. También se percibió en los departamentos de Antioquia, Caldas, Cauca, Risaralda, Valle del Cauca y en la capital Bogotá.

El episcopado aseguró sus oraciones por quienes perdieron la vida, por las personas desaparecidas, los heridos y las familias damnificadas. También encomendó a Dios a quienes participan en las labores de emergencia: organismos de socorro, autoridades, personal médico, voluntarios, servidores públicos, miembros de la Fuerza Pública y todos aquellos que trabajan en la búsqueda, el rescate y la atención de los afectados.

Nadie puede afrontar solo una emergencia de esta magnitud”, advierten los obispos, para quienes la tragedia vuelve a plantear a Colombia el desafío de reconocerse como una sola familia.

“Colombia está llamada, una vez más, a reconocerse como una sola familia y a responder al sufrimiento de sus hermanos con generosidad, responsabilidad y solidaridad. Cada gesto de ayuda, cada mano tendida y cada esfuerzo compartido sean signos concretos de fraternidad y esperanza; por ello, lo más pronto posible estaremos comunicando las formas y vías de ayuda solidaria.”

Al concluir su mensaje, los pastores de la Iglesia en Colombia confiaron al país, y particularmente a las comunidades afectadas, a la protección maternal de la Virgen María.

Le pidieron que acompañe al pueblo colombiano y le enseñe a permanecer unido, a cuidarse mutuamente y a sostener la esperanza “aun en medio de la adversidad”.

"Un momento de prueba y de encuentro"

En un mensaje dirigido a los oyentes de Radio Vaticana y a los seguidores de Vatican News, el cardenal Rueda describió la jornada como un “momento de prueba”, pero también como una ocasión para buscar puntos de encuentro en medio de la crisis.

“En medio de las dificultades de este sismo, en medio de la crisis que estamos viviendo, queremos buscar el punto de encuentro para seguir caminando juntos”, afirmó el purpurado, quien exhortó a alimentar una esperanza “concreta, creativa y solidaria”.

Para el arzobispo de Bogotá, la emergencia interpela a toda la sociedad y exige corresponsabilidad en la búsqueda del bien común. De ahí su llamado a superar las divisiones y a mirarse “con ojos de hermanos”.

"Una oportunidad para reconstruirnos"

El cardenal Rueda subrayó que la reconstrucción no puede limitarse a las estructuras materiales dañadas por el terremoto. “La tragedia se convierta en una oportunidad para reconstruirnos”, expresó, poniendo el acento en una reconstrucción interior y social.

“No solamente para reconstruir los muros de nuestras casas, que debemos hacerlo, sino sobre todo para reconstruirnos desde el corazón como una sociedad unida”, añadió.

En esta tarea, destacó de manera especial la labor de los bancos de alimentos y de los voluntarios de las diócesis del país. Su llamado fue concreto: poner “las manos, el corazón y la sabiduría” al servicio de quienes lo han perdido todo.

La Iglesia se vuelca

Para atender a los damnificados, varios bancos de alimentos y otras organizaciones católicas han activado sus protocolos para reunir donaciones y enviarlas lo antes posible a las poblaciones afectadas. 

Una de estas organizaciones son el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Bogotá y el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Bucaramanga, que desde sus redes sociales han invitado a contribuir con donaciones económicas y alimentos envasados.

Asimismo, también se ha usado la oficina en Colombia de Ayuda a la Iglesia Necesitada, que desde sus redes sociales ha animado a contribuir con donativos para sostener a las comunidades afectadas, “porque cuando todo parece tambalear, la Iglesia permanece”.

En un primer reporte enviado el lunes a Ayuda a la Iglesia Necesitada, Mons. Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, explicó que el epicentro del terremoto se registró en el municipio de San José del Palmar, perteneciente a su diócesis:

“Fue un sismo muy fuerte y muy prolongado [...] Hemos registrado daños materiales; en varios templos colapsaron las cubiertas, aunque afortunadamente no había celebraciones en ese momento”.

Mons. Álvarez indicó que, según la información disponible hasta el momento, las afectaciones materiales en San José del Palmar e Istmina son limitadas, mientras que en la diócesis de Quibdó podrían haberse registrado daños de mayor magnitud, aunque las dificultades en las comunicaciones aún impiden contar con un panorama completo:

“Estamos tratando de comunicarnos con las demás diócesis para conocer la situación real. Por ahora seguimos evaluando las necesidades”.

martes, 11 de agosto de 2026

I Jornadas de Verano del movimiento Vida Ascendente

 


Los amigos de Vida Ascendente nos mandan la invitación para asistir a las I Jornadas de Verano del movimiento. Seguro que merece la pena y sirve para caminar en comunión con este grupo que tan unido está a la Pastoral de la Salud.

lunes, 10 de agosto de 2026

14 DE AGOSTO, VIGILIA DE ORACIÓN EN TODAS LAS PARROQUIAS POR LA COMUNIDAD DIOCESANA DE CEUTA

 


El próximo 14 de agosto, Víspera de la Asunción de María, las parroquias de la Diócesis celebrarán una Vigilia de Oración por la Paz, con la intención de pedir por la justicia y estabilidad de la Ciudad de Ceuta, y para madurar la fe recibida y solicitar la luz necesaria.


sábado, 8 de agosto de 2026

Carta de Mons. Ramón Valdivia a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y fieles de la Diócesis


Queridos hermanos en Cristo:

Ha pasado más de una semana desde el drama humano e institucional que ha vivido nuestra Diócesis en Ceuta. He necesitado reposar y comprender el alcance de lo que hemos sufrido y, al mismo tiempo, intentar comprender, con mis luces, la repercusión que excede lo que los medios de comunicación han ido mostrando. Ahora, quiero transmitiros lo que he vivido y, al mismo tiempo, lo que os propongo como medida para toda la Diócesis, en la medida en que cada uno pueda llevarla a cabo. Son días, además, de descanso de un año intenso, lleno de incertidumbres, que nos ha afectado a todos.

En primer lugar, miro el desastre humanitario que ha generado la ambición y la corrupción. Nada nuevo bajo el sol. A un lado de la frontera estaban jóvenes sin futuro que se lanzaron hacia lo desconocido, sólo por consignas políticas o por promesas malintencionadas; adultos que aprovecharon el desgobierno para huir de las responsabilidades penales de su país, quizá por algún indulto premeditado pergeñado para esta ocasión; niños y niñas que, abandonados por sus familias se convierten en carne de cañón para depredadores; y, por el otro, personas que se han sentido vulneradas en su espacio, familias temerosas a que, al llegar la noche o en plena luz del día, entraron en su casa y reclamaron comida o una recarga de batería de móvil; comercios cerrados, miedo en los ojos, incertidumbre ante la posibilidad de que vuelvan a aparecer, y sobre todo, la rabia que genera la desprotección que deben garantizar quienes gobiernan. Como comprenderéis, todo un cóctel de emociones que podrían haber estallado en un conflicto mayor y, que, gracias a la serenidad del pueblo de Ceuta, no se ha dado.

En segundo lugar, brota en mi corazón la gratitud de la fe. Desde el primer instante, Santa María de África ha sido el baluarte donde consolidar el refugio, la brisa suave de Elías, que, en medio de la persecución, da la respuesta que todos nos hacemos ¿Dónde está Dios? Ni en el huracán, ni en el terremoto… Está en la dulzura de una Madre, que llora ante la muerte de su Hijo, mientras lo acoge en su regazo. He podido percibir cómo la Madre y Patrona de Ceuta, una vez más en la historia, se ha convertido en el faro que guía nuestro surcar los mares embravecidos.

Pero mi agradecimiento se dirige también al Papa que, en su mensaje del pasado domingo puso de manifiesto que lleva a Ceuta en su corazón, a los sacerdotes, a las parroquias, a los religiosos y las religiosas de Ceuta, a los voluntarios de la Casa San Antonio y también a los de Cáritas, y especialmente, a la Hermandad de la Patrona. Juntos hemos intentado dar un ejemplo de unidad en medio de tanta crispación. Es justo que demos todos un mensaje de gratitud a esta pequeña comunidad cristiana, para que reciban un aliento fuerte del resto de la Diócesis, para que mantengan vivo el testimonio de la fe. Quiero creer que, tanto la Ofrenda floral como la Función y la Procesión con la Imagen de Santa María de África no ha sido un suspiro fugaz, sino un catalizador para romper la inercia que genera el miedo, la chispa para tomar conciencia de lo que aporta la fe en la re-construcción de la ciudad, el mayor desafío que tiene la sociedad y la iglesia en este tiempo que el Señor nos regala.

Como propuesta de acción eclesial a esta crisis humanitaria y de confianza, creo necesario poner nuestra mirada en Dios. Cuando las potencias vecinas amenazaban la fragilidad de Israel, los Patriarcas y Profetas alzaban sus manos y rogaban la misericordia divina. Así también, Jesucristo lloró ante la destrucción de Jerusalén. Por eso, os exhorto a que, en todas las parroquias de la Diócesis se realice una Vigilia de oración por la Paz, la estabilidad y la Justicia en Ceuta, como ha sugerido el Papa León XIV, en la noche de la víspera de la Asunción de María.

Así se realizará en el Santuario de Santa María de África, y así deseo que pueda hacerse, de la forma más adecuada posible, para que todos los católicos de nuestra Diócesis puedan rezar, a partir de las primeras vísperas, con la intención no sólo de solicitar la protección de la Ciudad de Ceuta, sino para que tomemos consciencia de la importancia de madurar la fe recibida, y solicitar la luz necesaria para que, unidos, vivamos estos momentos como un nuevo inicio cultural, y no simplemente como una crisis, que ojalá fuera pasajera. Estos acontecimientos me parecen que muestran la profundidad del cambio de cultura que se está generando, por eso, ahora más que nunca necesitamos alzar la mirada y rezar juntos el Padrenuestro diciendo: ¡Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo!

Con mi bendición

+ Ramón

viernes, 7 de agosto de 2026

El obispo Ramón Valdivia, desde Ceuta: “La Iglesia ha dado la respuesta del amor de Dios”

 


La Iglesia ha estado en primera línea ante la tragedia que ha causado, al menos, 150 muertes, tras la entrada en Ceuta de más de 75.000 personas migrantes el pasado jueves 30 de julio. Y no es una forma de hablar, porque, de inmediato, el obispo auxiliar de Sevilla y administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia, se desplazó hasta la Ciudad Autónoma para coordinar el dispositivo eclesial.

Cinco días después de lo ocurrido y en medio de las fiestas patronales en honor a Santa María de África, el prelado comparte con Vida Nueva sus reflexiones en medio de una crisis sin precedentes.

PREGUNTA.- ¿Cómo ha sido la respuesta de la Iglesia a la crisis migratoria?

RESPUESTA.- Más que una crisis migratoria, lo de Ceuta sigue siendo una crisis política internacional y un drama humano inmenso, del que aún no se han evaluado todas las consecuencias.

Cuando el 30 de julio por la mañana percibíamos algunas entradas notoriamente ilegales, los párrocos, en comunión conmigo, con la Cáritas local y la Delegación de Migraciones percibimos el riesgo y la necesidad de que, antes o después, tendríamos que ofrecer una respuesta.

Por eso, resolvimos ofrecer un comunicado solicitando a los fieles que las colectas del pasado fin de semana, que normalmente se dedican a Cáritas, pudieran servir para recaudar fondos para la atención de los que llegaran. Nunca pudimos calcular que, pocas horas después, la llegada sería una población que se asemejaba a la población natural de Ceuta.

La noche y la mañana de ese día fueron verdaderas multitudes de jóvenes, pero también de niños y mujeres, todos desorientados, circulando pacíficamente por las calles, mientras que las personas de Ceuta se veían impotentes para responder a esta impresionante masa de personas.

Desde el Centro de Migración San Antonio, desde las distintas parroquias y, sobre todo, desde la disponibilidad inmediata con el Gobierno de la Ciudad Autónoma, nos pusimos a disposición de las autoridades, en la pequeña medida de nuestras posibilidades, y me gustaría subrayar el adjetivo pequeña.

Durante este tiempo, además se están celebrando las fiestas patronales en honor a Santa María de África, verdadero corazón de la ciudad. Por eso, en los cultos internos poco a poco se ha incrementado la afluencia y participación de fieles, así como en la tradicional ofrenda de flores, y en la función solemne y posterior procesión.

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jueves, 6 de agosto de 2026

Cientos de fieles acompañan a Nuestra Señora de África en la tradicional ofrenda floral


La ciudad de Ceuta se volcó ayer martes en torno a su Patrona, Nuestra Señora de África, con motivo de la tradicional ofrenda floral celebrada en la Plaza de África. En un año marcado por la difícil situación vivida en la ciudad, este acto adquirió un significado especialmente profundo, convirtiéndose en una expresión de fe, unidad y esperanza.

Cientos de ceutíes acudieron al Santuario para depositar flores a los pies de la Virgen y encomendarle a la ciudad, a sus familias y, de manera especial, a todas las personas afectadas por los recientes acontecimientos. La devoción a Nuestra Señora de África volvió a congregar a los fieles que encontraron en la Patrona un lugar de consuelo y oración.

La imagen de la Virgen salió al atrio del Santuario para recibir el cariño de su pueblo en un acto en el que participaron el Administrador Apostólico, Mons. Ramón Valdivia, el Vicario de Ceuta el p. Francisco J. Fernández Alcedo, los sacerdotes de la ciudad, representantes de las instituciones civiles y numerosos miembros de hermandades y asociaciones ceutíes.

La ofrenda floral se desarrolló en un ambiente de recogimiento y profunda devoción, poniendo de manifiesto el arraigo que la Virgen de África tiene entre los ceutíes. Cada flor depositada fue un gesto de confianza y una súplica por la paz, la convivencia y la esperanza en unos días especialmente delicados para la ciudad.

Con esta celebración, Ceuta ha renovado una tradición profundamente arraigada en su historia y ha vuelto a expresar, un año más, su amor filial a Santa María de África. Hoy, la Alcaldesa Perpetua de la ciudad procesionará por las calles.