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sábado, 18 de julio de 2020

Un libro oportuno, importante y necesario en momentos de confusión. Por JA Hernández


Tras la atenta lectura de esta obra colectiva, coordinada por las profesoras Lourdes Flamarique y Claudia Carbonell, me permito adelantar mi conclusión: es un libro oportuno, importante y necesario. Oportuno porque nos llega en un momento en el que se ha extendido la impresión de que la verdad y las verdades han perdido sus valores; importante porque aborda las consecuencias graves de su devaluación en la vida individual y colectiva; y necesario porque nos advierte cómo esta corriente socaba los fundamentos de las convicciones que sustentan y orientan las tareas profesionales, las relaciones sociales, las ideologías políticas y las convicciones religiosas. En resumen, porque tiene mucho que ver con nuestra vida individual y con nuestro bienestar colectivo.


El análisis de la doctora Carbonell titulado “El arte de la verdad en el espacio público” constituye, a mi juicio, una base epistemológica sólida para calibrar la importancia irrenunciable de la búsqueda de la verdad y, como consecuencia, el fundamento de la necesidad y de la obligación de denunciar esa tendencia creciente a devaluarla lógica, dialéctica y retóricamente. Sí, la Retórica, la Dialéctica y la Ética son tres disciplinas clásicas que han de seguir siendo reivindicadas en la actualidad como herramientas imprescindibles para una “educación” humana y humanista: para la formación del pensamiento, de la palabra y de los comportamientos. No olvidemos que la verdad tiene mucho que ver con la bondad, con la belleza y, por lo tanto, con vida humana o, en otras palabras, con la felicidad y con el bienestar.


Como indica Juan A. Nicolás, la palabra “posverdad” se ha puesto de moda hasta tal punto que no sólo inunda los medios de comunicación y las redes sociales sino que también contagia los debates políticos e, incluso, las reflexiones de psicólogos, sociólogos, antropólogos, historiadores, artistas, escritores y filósofos. Las consecuencias más visibles y, al mismo tiempo más peligrosas, son las generalizadas convicciones de que nada es verdad o de que todo es mentira. El hecho constatado es que asistimos a una creciente despreocupación por la firmeza en unas ideas que proporcionen guías en el pensamiento y orientaciones en los comportamientos.


En mi opinión, el valor más relevante de esta publicación estriba en su dimensión multidisciplinar, en la convergencia de sus análisis desde las diferentes perspectivas filosófica, retórica, dialéctica, psicológica, sociológica, ética, pedagógica, histórica y antropológica. Hemos de tener en cuenta que esta creciente invasión de escepticismo conduce directamente a un nihilismo que amenaza el equilibrio y el bienestar personal, y perturba la convivencia y la colaboración social. Como bien explica Mikel Ortiz Blanco, en una sociedad en la que los acuerdos no valen se genera una constante incertidumbre que impide su más elemental funcionamiento. Sí -profesoras Flamarique y Carbonell- la verdad importa todavía a pesar de los ecos que, en los medios de comunicación social, repiten las voces de esos ¿ingenuos? líderes que tratan de convencernos de lo contrario.

miércoles, 24 de julio de 2019

CLAVES DE LOS CAMBIOS EN LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD DURANTE EL SIGLO XX, por José Antonio Hernández Guerrero


Aunque, como es obvio, la Historia de la Iglesia no se limita a contar las doctrinas impartidas por los Papas, hemos de reconocer que sus enseñanzas influyen de una manera directa en los comportamientos de los fieles e, indirectamente, en las reacciones que provocan en los ciudadanos y en las instituciones políticas, sociales, culturales y económicas del mundo civil. Recuerdo este principio tan elemental para explicar mi valoración positiva de este libro en el que Mariano Fazio, profesor Ordinario de Historia de las Doctrinas Políticas en la Facultad de Comunicación Social Institucional de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, aborda el proceso de secularización del mundo contemporáneo tomando como referentes las decisiones doctrinales adoptadas por los Papas cuyos pontificados han cubierto el siglo pasado. A mi juicio, resulta especialmente oportuno situar como punto de partida el recuerdo de la tradición multisecular de reflexionar sobre el papel de la religión en el ámbito de la vida pública y, más concretamente, la atención que, desde el anuncio del Evangelio, ha prestado la Filosofía Política al principio cristiano de la dignidad de la persona humana, como ser único e irrepetible. 

Tras considerar los procesos revolucionarios que causaron el cambio de la cosmovisión cristiana de la vida, el autor distingue los elementos socio-político-económicos, históricos o circunstanciales, y los contenidos fundamentales del depósito de la Revelación. Analiza oportunamente las nociones de “clericalismo”, “laicismo” y “secularización” e, incluso, identifica el origen cristiano de la trilogía revolucionaria Liberté, Egalité y Fraternité.


En sucesivos capítulos interpreta las aportaciones magisteriales de Benedicto XV como protagonista de la “restauración cristiana de la paz”, la contribución de Pío XI a la paz individual, familiar y política mediante las enseñanzas de Jesucristo sobre los valores espirituales, sobre la dignidad y santidad de vida, y la función de las Iglesia Católica en la resolución de los problemas del mundo; valora la importancia que Pío XII concede al Derecho Natural como base del nuevo orden internacional y de la estructura interna de las sociedades públicas; se refiere al llamamiento de Juan XXIII a la coherencia entre la fe y la vida de los católicos en la encíclicaMater et Magistra, sondea los nuevos fenómenos sociales después de la Segunda Guerra Mundial, y subraya cómo la Pacem in terrisdefine “el orden que rige en la convivencia entre los seres humanos es de naturaleza moral: apoyado sobre la verdad, realizado según justicia, vivificado y completado por el amor mutuo y, finalmente, equilibrado en la libertad”. 


En la segunda parte, analiza el periodo que transcurre desde la celebración del Concilio Vaticano II hasta la conclusión del papado de Benedicto XVI y explica cómo Juan XXIII se propone la renovación de la Iglesia, la búsqueda de la unidad de los cristianos y la apertura al mundo para, juntos, resolver los problemas de la humanidad. Centra la compleja actividad de Pablo VI en el diálogo entre la Iglesia y el mundo moderno, los deseos de justicias, de paz, de desarrollo y de cooperación expuestos en su encíclica Ecclesiam suam. El autor destaca cómo Juan Pablo II define la doctrina social cristiana, no como una tercera vía política entre las teorías del capitalismo liberal y el colectivismo marxista, sino como una ética que posee unos contenidos propios y diferentes. Finalmente se refiere a la doctrina de Benedicto XVI resumiéndola como “sana laicidad”, como afirmación de la autonomía relativa de las cosas temporales y como la secularización en el sentido de “desclericalización” de la cosmovisión cristiana. 

En mi opinión, este libro resulta básico para situar de manera adecuada los cambios -sorprendentes, rápidos y profundos- que la Iglesia y la sociedad han experimentado y para interpretar las transformaciones que, sin duda alguna, se seguirán sucediendo.


[Mariano Fazio
De Benedicto XV
a Benedicto XVI

Madrid, Rialp] 


José Antonio Hernández Guerrero,

lunes, 15 de julio de 2019

ITINERARIO PARA AHONDAR EN EL AMOR, por José Antonio Hernández Guerrero


Con independencia de otras consideraciones también importantes, el sentimiento dominante que he experimentado durante la lectura de este libro ha sido el de gratitud. Desde las primeras páginas he sentido la necesidad de dar gracias por el “regalo” de los mensajes evangélicos que han descubierto un horizonte inédito de permanente crecimiento humano orientado y estimulado por el amor. Sí, esa fuerza motora que hace posible que la vida sea humana y esa clave luminosa que proporcione sentido a nuestros trabajos, a nuestras luchas, a nuestras frustraciones e, incluso, a nuestros dolores y sufrimientos. Doy gracias también al autor Jorge Ordeig, párroco de la parroquia de San Ildefonso, de Granada, porque, de manera clara, fundamentada y sencilla, nos explica el sorprendente cambio que, al menos en la teoría, ha generado el mensaje de Jesús de Nazaret a nuestro mundo. 


Otra de las aportaciones de este libro, a mi juicio importante, es, además de la relación que el autor establece entre “Los Mandamientos” del Antiguo Testamento y el “Mandamiento del Nuevo”, sus minuciosos análisis y la acertada articulación de cada uno de ellos evitando la formulación negativa o “prohibicionista”. El punto de partida -“el mandamiento cero”, “el mandato original”- es ya una llamada elocuente a la consideración positiva de la creación y una invitación amable al disfrute: “Y vio Dios que era bueno”. Efectivamente, estos relatos indican de manera condensada el comienzo del camino que conduce a la plenitud humana: “Vive y sé feliz”. Todos los demás mandamientos están dirigidos a facilitarnos el cumplimiento de ese primer decreto, de esa necesidad, de esa obligación y, por lo tanto, de esa posibilidad de alcanzar el bienestar. 


En consecuencia, opino que también es clave la interpretación de todo el proceso de la Creación como una secuencia de gestos de amor que culminan en la llamada al hombre para que sea feliz trabajando para lograr la felicidad de los que con él conviven. Pero, para ello, es indispensable que cumplamos el “mandamiento de la interioridad” o de la espiritualidad: que estemos decididos a renacer a una vida del espíritu tras reconocer que, además de cuerpo, estamos dotados de un espíritu que hemos de cuidar y cultivar con esmero. 


Es imprescindible que nos habituemos a escuchar a Jesús leyendo los Evangelios, contemplando su vida, oyendo, escuchando, interpretando sus palabras y asumiéndolas como contenidos de la oración y como pautas para la vida diaria. Este es el itinerario que, de manera directa, nos acerca afectivamente a la persona de Jesús y genera esa identificación con sus mensajes; este es el camino para sentirnos acompañados y para decidirnos a acompañar a los que reflejan su rostro -los pobres y los marginados- , y este es el procedimiento más seguro para amarnos a nosotros mismos. En este marco teórico, el autor sitúa una serie de pautas que, de manera convergente, nos orientan para que, tras ahondar en los múltiples valores del amor, aumentemos ese caudal humano y sobrenatural que, al mismo tiempo, hace nuestra vida temporal más grata y fundamenta la esperanza en otra vida más plena. Gracias.
[Jorge Ordeig
La plenitud del Amor
Madrid, Rialp, 2018] 

sábado, 18 de mayo de 2019

Un manual teórico y práctico de comunicación pastoral


A pesar de que el autor confiesa que, en este libro, ha reunido los “Pliegos” publicados en la revista Vida Nueva en los que nos cuenta sus reflexiones sobre sus experiencias en la parroquia del Buen Pastor de San Fernando de la Diócesis de Cádiz, y, después, en el colegio Padre Damián, de Barcelona, me atrevo a afirmar que también es -puede ser- un manual teórico y práctico de comunicación pastoral. A lo largo de los diferentes capítulos explica y aplica un principio fundamental: que la comunicación es, en primer lugar, un encuentro personal que requiere que el “comunicador” se sitúe en un mismo plano, que cree una atmósfera de cordialidad con los destinatarios y que, en consecuencia, adopte una actitud, más que como profesor, como como compañero, como amigo y como hermano.
De una manera sencilla, clara y, al mismo tiempo, profunda, Fernando Cordero Morales, sacerdote de los Sagrados Corazones y periodista, nos muestra cómo los mensajes cristianos -las enseñanzas del Evangelio- se han de explicar con un lenguaje nuevo y renovador aplicándolos a las situaciones y a las circunstancias concretas de la vida actual. Sí, para hablar de Jesús, de María, de la gracia, de la santidad, de la misericordia, de los sacramentos, del adviento o de la cuaresma despertando el interés y manteniendo la atención de los oyentes, es indispensable referirse a la economía, a la política, al arte, a la ciencia, a la música,  a la literatura, al cine, a las tradiciones, al ocio y, en general, a la cultura en la que están inmersos los oyentes.
Me sorprende -lo reconozco- la habilidad con la que el autor nos cuenta cómo él vive con naturalidad los “elocuentes” episodios de la vida cotidiana extrayendo esas sustancias que iluminan los claros mensajes evangélicos, y me admira su facilidad para desentrañar y para exponer las enseñanzas fundamentales del cristianismo. En mi opinión, una de las claves de estas destrezas reside, además de su preparación profesional, en su convicción de que la atención a los destinatarios constituye un factor determinante de los contenidos y del lenguaje del discurso pastoral. Ellos son, más que clientes, interlocutores activos, son actores, y, más que actores, son los protagonistas de todo el proceso.
Y es que, efectivamente, como decía el papa Juan Pablo II, la presentación de los contenidos doctrinales, siendo inmutables, necesitan “nuevas expresiones”, un lenguaje conceptual y unas motivaciones que lleguen verdaderamente al hombre en las situaciones concretas. Es así cómo, la Nueva Evangelización, el anuncio transparente de Jesucristo resucitado, fomentará la verdadera promoción humana y hará que los valores culturales, una vez purificados, lleguen a su plenitud en Cristo (Discurso de Juan Pablo II a los obispos mexicanos de las diócesis septentrionales y orientales con motivo de la visita ad limina apostolorum (11-6-94).
José Antonio Hernández Guerrero