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viernes, 20 de noviembre de 2020

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA XXV. Instituciones económicas al servicio del hombre: el papel del libre mercado. Por Rafael Serrano

Una de las cuestiones prioritarias en economía es el empleo de los recursos, es decir, de todos aquellos bienes y servicios a los que los sujetos económicos, productores y consumidores, privados y públicos, atribuyen un valor debido a su inherente utilidad en el campo de la producción y el consumo. Los recursos son cuantitativamente escasos en la naturaleza, lo que implica, necesariamente, que el sujeto económico particular, así como la sociedad, tengan que inventar alguna estrategia para emplearlos del modo más racional posible, siguiendo una lógica dictada por el principio de economicidad. De esto depende tanto la efectiva solución del problema económico más general y de la limitación de los medios con respecto a las necesidades individuales y sociales, privadas y públicas, cuanto la eficacia global, estructural y funcional, del entero sistema económico. Tal eficiencia apela directamente a la responsabilidad y la capacidad de diversos sujetos, como el mercado, el Estado y los cuerpos sociales intermedios. 

El papel del libre mercado. 

El libre mercado es una institución socialmente importante por su capacidad de garantizar resultados eficientes en la producción de bienes y servicios. La Doctrina Social de la Iglesia aprecia las seguras ventajas que ofrecen los mecanismos del libre mercado, tanto para utilizar mejor los recursos, como para agilizar el intercambio de productos: estos mecanismos, “sobre todo dan la primacía a la voluntad y a las preferencias de las personas, que en el contrato, se confrontan con las de otras personas”. 

Un mercado verdaderamente competitivo es un instrumento eficaz para conseguir importantes objetivos de justicia: moderar los excesos de ganancias de las empresas; responder a las exigencias de los consumidores; realizar una mejor utilización y ahorro de los recursos; premiar los esfuerzos empresariales y la habilidad de innovación; hacer circular la información, de modo que realmente se puedan comparar y adquirir los productos en un contexto de sana competencia. 

El libre mercado no puede juzgarse prescindiendo de los fines que persigue y de los valores que transmite a nivel social. La utilidad individual del agente económico, aunque legítima, no debe convertirse en el único objetivo. Al lado de ésta, existe otra, igualmente fundamental y superior, la utilidad social, que debe procurarse no en contraste, sino en coherencia con la lógica del mercado. Cuando realiza las importantes funciones antes recordadas, el libre mercado se orienta al bien común y al desarrollo integral del hombre, mientras que la inversión de la relación entre medios y fines puede hacerlo degenerar en una institución inhumana y alienante. 

La Doctrina Social de la Iglesia, aun reconociendo al mercado la función de instrumento de regulación dentro del sistema económico, pone en evidencia la necesidad de sujetarlo a finalidades morales que aseguren y, al mismo tiempo, circunscriban adecuadamente el espacio de su autonomía. (Compendiode la Doctrina Social de la Iglesia. II, c.7, nn.346- 350). 

 Rafael Serrano Molina

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