Día para adentrase en el propio sentir, en los ecos del propio latido y buscar en lo más recóndito la huella de Cristo, muerto y sepultado, que otrora anduvo inquietando nuestra mente, motivando nuestro ánimo y hasta entusiasmando el proceder tras descubrir la alegría de su presencia...
Día para el reposo de los ojos, para cerrarlos y sumergiese en las imágenes guardadas que provocaron comportamientos, propósitos y propuestas para el mañana...
Dentro, en el corazón del sepulcro junto al Gólgota, la carne muerta asiste a la vida nueva del Maestro Habrá que despertar los ojos, gritar aleluyas y salir, abiertos los brazos, para coger el aire nuevo, el tiempo nuevo... Habrá que abrir de nuevo el Evangelio y pulsar acordes de esperanza.
La muerte dejó ver serlo.

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